Aeropuerto: prevenir, no lamentar

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En Cartagena hay varios grupos interesados en lo que le pase al aeropuerto Rafael Núñez: los habitantes de Crespo, donde está instalado; el sector turístico; el operador del aeropuerto (SACSA); y los demás cartageneros. Y por supuesto, el grupo barranquillero y local que promueve el nuevo megaaeropuerto entre las dos ciudades. Los habitantes de Crespo y de los barrios aledaños más próximos a la pista son los únicos opuestos permanentemente al aeropuerto Rafael Núñez en donde está, porque sufren el ruido de los aviones al aterrizar y despegar, y por el daño que dicen que les causan las vibraciones a los tejados de las viviendas más endebles del sector. El resto de los cartageneros está más que conforme con un aeródromo a apenas 10 minutos de la zona turística y residencial de estratos altos y medios. Muchos argumentan que el aeropuerto Rafael Núñez estuvo antes que la mayoría de los barrios que ahora se quejan por su afectación, y que no han debido mudarse allí, pero lo cierto es que la gente lo hizo porque el estado se lo permitió. El accidente del Kfir que se salió de la pista antier también resalta la necesidad de no mezclar las operaciones militares y comerciales en los mismos aeródromos, especialmente cuando los aviones de la Fuerza Aérea pueden llevar bombas y cohetes a bordo, que no era el caso del avión de antier, al que sus pilotos israelíes probaban antes de entregárselo al gobierno de Colombia. Y cuando los aeropuertos tienen uso mixto, se podrían convertir en blancos de los ataques de terceros países a pesar de que lesionarían a pasajeros civiles. Ahora que la tensión del vecindario del norte de América del Sur sube de temperatura con el anuncio de Colombia de que albergará aviones y militares de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos de América, antes en la base de Manta (Ecuador), no puede subestimarse el riesgo de un conflicto armado, por remoto que parezca. Aunque las probabilidades de que un avión se vuelva a salir de la pista del aeropuerto Rafael Núñez son pocas, no es imposible que suceda. La tragedia podría ser enorme si le pasa a un avión de pasajeros, sobre todo si además de accidentarse, llegara a colisionar contra los buses y carros particulares que transitan por una vía casi siempre congestionada. La salida accidental de la pista del avión Kfir de la Fuerza Aérea Colombiana el lunes en la tarde, cuando cruzó la Vía del Mar y fue a dar al malecón de La Bocana, afortunada e increíblemente sin lesionar a nadie, ni siquiera a sus pilotos, sin duda comenzará a cambiar la percepción de los cartageneros de la necesidad del nuevo aeropuerto limítrofe entre Cartagena y Barranquilla. Mientras ese megaproyecto se materializa, convendría instalar algún tipo de semaforización que detenga el tránsito a lado y lado de la cabecera de la pista del Rafael Núñez cada vez que vaya a despegar un avión. Sería un obstáculo enorme para el tránsito, pero podría evitar un accidente mayúsculo. Es mejor prevenir, que lamentar.

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