Ahora sí, puente, no puentecito

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Gracias a la tenacidad y trabajo mancomunado de los congresistas de este departamento, de los gremios, de la Asamblea de Bolívar, del Concejo de Cartagena, del liderazgo del gobernador Juan Carlos Gossaín, de los medios, y de la sensatez y buena voluntad de la ministra de Transporte, Cecilia Álvarez Correa y su equipo, volvimos al diseño original a cuatro carriles (dos calzadas) del puente de Gambote, los tres viaductos entre el puente y Corralito, y los dos metros adicionales de altura para la calzada, con un presupuesto de 110 mil millones de pesos.
Es difícil creer que la Agencia Nacional de Infraestructura (ANI) se equivocara al pretender hacer un puente de apenas una calzada y dos carriles, perpetuando el embudo que es el puente de Gambote y su conexión con El Viso y con Corralito.
La gente de la ANI tiene que pasarse una temporada aquí y tomar la carretera de Zambrano, El Carmen de Bolívar, El Viso y Gambote para constatar un trancón de mulas, contenedores, camiones ganaderos, buses y busetas de pasajeros, y carros particulares. Y si alguien pincha una llanta o hay un accidente, aun leve, las colas de vehículos alcanzan kilómetros en ambos sentidos.
También tendrían que recorrer la trocha entre Tolú Viejo y El Viso para sentir mucha vergüenza al ver una troncal principal en semejante estado, dizque atendiendo las necesidades de los TLC en el puerto más importante de Colombia. Es una lástima que nadie le haya parado bolas a esta vía hasta ahora, pero confiamos en que tampoco escapará a la atención de la ministra de Transporte.
Si la cabeza de la ANI hubiera visto el terraplén entre Corralito y Gambote en el invierno de 2011, con el agua contra los sacos de arena y por encima del nivel de la carretera, y si hubiera oído a los ingenieros esperando lo peor porque no sabían si la carretera estaría allí al día siguiente luego de múltiples crecientes, montadas una sobre otra, ni siquiera habría pensado en recortar las especificaciones de esta vía.
No valen ya los cálculos de que los desastres naturales se dan cada tantos años de manera más o menos predecible y de intensidades imaginables, sino que podemos pasar del verano más seco y cruel al invierno más duro y dañino de un año para otro, con solo el aviso previo y corto de los científicos del IDEAM al anunciar a La Niña o a El Niño, ese par de truhanes destructivos.
De esta experiencia queda la lección de que la unión hace la fuerza, que todos sabíamos cierta pero que no ensayábamos aquí desde las jornadas de abril de 1944, cuando se iban a llevar la escuela de grumetes de Cartagena y la gente se lanzó a la calle a defender los intereses de la ciudad mediante marchas pacíficas pero multitudinarias.
Quizá no tenemos que llegar a esos extremos, pero sí necesitamos que todos los sectores mantengan vivo ese mismo espíritu colectivo para defender los intereses de la ciudad.

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