Editorial


Alcalde vs. contralor

“Lo menos que puede hacer el contralor es explicarle a la ciudad por qué no acepta las imputaciones que se le han endilgado. Y si la posición de este es (...)”.

EL UNIVERSAL

15 de septiembre de 2021 12:00 AM

El pasado lunes en la noche el alcalde William Dau protagonizó una nueva diatriba contra el contralor distrital, Freddy Quintero, a propósito del embargo que este decretó contra 43 funcionarios del Distrito por el presunto pago de gastos de representación.

Se queja el burgomaestre de la supuesta parcialidad del contralor, quien abre investigaciones contra su gobierno, pero no contra los anteriores alcaldes por hechos similares a los que ahora le imputa; así mismo, porque las denuncias que ha formulado, incluidas en el ‘libro blanco’ presentado en 2020, no han merecido el interés del contralor Quintero.

Aun cuando ni contralor ni alcalde han explicado con suficiencia cuál es el asunto central en discusión, se puede colegir de lo que se ha recogido hasta ahora, que los gastos de representación autorizados para los empleos correspondientes al nivel directivo de la administración distrital, desde el 2011 en el Acuerdo 009 expedido por el Concejo Distrital, vulnera disposiciones de mayor jerarquía que solo permiten esos gastos para el alcalde.

En consecuencia, es necesario, por parte de la Alcaldía actual, una explicación sobre si en 2020 se pagaron o no gastos de representación a pesar de la prohibición legal, y por parte de la Contraloría, si demandó la nulidad del Acuerdo 009 de 2011, o si promovió otras acciones para que se desestimara la vigencia de esa norma.

Pero esos son asuntos de puro derecho, que seguramente serán materia de la discusión en el o los procesos disciplinarios, fiscales o judiciales correspondientes. Lo que no puede pasarse por alto son las graves acusaciones que hizo el alcalde contra el contralor Quintero.

El de contralor es un cargo de altísima responsabilidad que demanda plena credibilidad en quien lo ejerce. El burgomaestre, nuevamente, ha puesto en duda la honorabilidad del actual contralor distrital. Lo menos que puede hacer el contralor es explicarle a la ciudad por qué no acepta las imputaciones que se le han endilgado. Y si la posición de este es no polemizar, lo cierto es que el nivel de recriminaciones del alcalde es tan extraordinario que siembra en el ambiente una pérdida de fe en la clase de Contraloría que la ciudad tiene; por eso aquí no caben silencios.

Y esto es aún más relevante si se tiene en cuenta que los señalamientos del alcalde se acompañaron de graves ofensas a la integridad moral del contralor. Esos ataques abiertos o públicos mancillan la dignidad de la persona. Si el contralor no siente que su dignidad está en juego está muy equivocado, porque no es solo sobre su persona, sino sobre el cargo que ostenta.

Hay casos en que la dignidad tiene que defenderse con denuedo; por supuesto, no cuando al encartado no le acompañan las razones para defenderla. Por el bien de la Contraloría Distrital, no puede quedar en el ambiente que, como suele ocurrir, el que calla otorga.

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