Editorial


Alcaldes locales

“Dada la trascendencia de estos cargos, compete al alcalde Dau revisar con lupa tanto el proceso como el perfil de los seleccionados”.

EL UNIVERSAL

15 de febrero de 2020 12:00 AM

Dados los apoyos, pero también los reparos, inconformismos y otras apreciaciones críticas al actual proceso de elección de los alcaldes locales, huelga repensar la forma como este está concebido, para garantizar tanto la observancia de la meritocracia como la representatividad popular en la selección de los candidatos, y el arribo de personas de intachable conducta que garanticen liderazgo, imparcialidad y observancia de la legalidad en los diversos asuntos que les compete.

Se valora el esfuerzo e interés de todos los participantes y el relativo orden en que los ediles organizaron los procesos. Pero es conveniente afinar los métodos para que el desconocimiento y la falta de legalidad en la aplicación del procedimiento descrito en la norma para elegir a los alcaldes locales se respeten, tanto por quienes participen en las convocatorias como por los representantes de las corporaciones edilicias de las Localidades.

Es claro que cualquier violación al debido proceso, como el desconocimiento a la legalidad de las convocatorias o de los trámites emprendidos, puede llevar a la anulación de las designaciones que finalmente se produzcan.

Se echa de menos que en las ternas aparecieran nombres de reconocidos líderes populares que bien merecido tienen encarnar la representatividad de sus comunidades. La experiencia en el servicio a los demás y el sacrificio constante por sus gentes son valores muy significativos que deberían pesar en la balanza que aquilata las condiciones personales de quienes se postulan.

De otra parte, si la administración distrital de Cartagena está abocada a una urgente transformación socio-política y administrativa, es inescindible que los trámites, asuntos y procesos en las Juntas Administradoras y en las Alcaldías Locales también sean desarrollados con transparencia, imparcialidad, lealtad y equilibrio en las decisiones.

No es un despropósito afirmar que el prestigio de las Alcaldías Locales está maltrecho. Las denuncias por la celebración de contratos que poco o nada mejoraron las condiciones de vida de los vecinos de las localidades y, por el contrario, repetidas noticias sobre inversiones perdidas en capacitaciones u obras menores que les habrían costado el cargo a alcaldes si estuvieran laborando en empresas privadas, nunca fueron suficientemente aclaradas. ¿Qué sentido tiene poner a administrar recursos y desarrollo social en organismos que privilegian el beneficio de unos pocos frente a las necesidades apremiantes de tantos?

De contera, otra delicada potestad a cargo de los alcaldes locales es la vigilancia y control de invasiones tanto del espacio público como de terrenos privados. A no dudarlo, las competencias jurídicas formales que en primera o segunda instancia tienen en procesos policivos o administrativos, les confieren a las Alcaldías Locales una importancia que agudiza la obligación de escoger a personas comprometidas con la legalidad.

En suma, dada la trascendencia de estos cargos, compete al alcalde Dau revisar con lupa tanto el proceso como el perfil de los seleccionados.

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