ARC 20 de Julio, más que un barco

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Ayer El Universal asistió al primer aterrizaje oceánico de un helicóptero en el helipuerto del barco ARC 20 de Julio mientras navegaba en el Mar Caribe, unas cuantas millas al sur del bajo Salmedina. El aterrizaje en este barco de patrullaje oceánico, u OPV por sus siglas en inglés, demostró la pericia de los pilotos de la Armada y de la tripulación del barco bajo el mando del capitán Germán H. Locarno Blanco. Aunque el oleaje no era muy alto, la cubierta de la nave no dejaba de moverse.
El ARC 20 de Julio tiene 80,60 metros de eslora (largo) y es el primero de ese tamaño fabricado en Colombia. Aunque el diseño es alemán, la ingeniería de detalle –más de 65% de toda la empleada en el barco-, es netamente colombiana, más concretamente de los ingenieros de Cotecmar, el astillero de la Armada Nacional en Cartagena donde fue fabricada la nave.
Los barcos como ese ni la capacidad para construirlos se desarrollan de un día para otro. Un oficial muy conocedor del proyecto, quien pidió no ser nombrado, afirma que la construcción del ARC 20 de Julio resultó luego de 30 años de preparación de la Armada bajo distintos comandantes, incluyendo las carreras instauradas en la Escuela Naval Almirante Padilla y las especializaciones de grupos de oficiales en el exterior, y que finalmente “se alinearon los astros” en el gobierno de Álvaro Uribe para culminar el proceso que desembocó en la fabricación del ARC 20 de Julio, pasando por las patrulleras de 40 pies de eslora y las “nodrizas” fluviales, de las que hay tres generaciones hasta ahora controlando los ríos del país.
Dicho oficial afirma que aunque el ARC 20 de Julio es el paso más importante, no es la culminación del proceso de construcción naval colombiana. La Armada y los ingenieros de Cotecmar se preparan para construir las fragatas que necesitará Colombia una vez las de ahora terminen su vida útil en unos 20 años.  
A decir verdad, la OPV ARC 20 de Julio marca un hito en la historia colombiana y pone al país en una liga respetable de la construcción naval mundial.
Es un paso importante no solo por sus aspectos materiales, como generación de empleo y desarrollo de tecnología propia de punta, sino por el mensaje de superación lanzado por la Armada a los colombianos. Nadie hubiera creído hace pocos años que de un astillero como el viejo Conastil, carcomido por la herrumbre, fuera a surgir Cotecmar, una empresa de primer orden, ni que la mentalidad militar –bien fraguada para otras labores- sería capaz de administrarla tan bien como lo ha hecho, a juzgar por sus productos.
Por todo el esfuerzo que tiene detrás, el ARC 20 de Julio es mucho más que un barco: es un símbolo de lo que se puede lograr atreviéndose a cambiar los paradigmas negativos por unos audaces, pero posibles.

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