Atención a la realidad

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En medio del espectáculo en que se convirtió esta semana la renuncia del fiscal general, el pronunciamiento de la JEP, la libertad y recaptura de Santrich y mil cosas más que se relacionan sustancialmente con la política y la justicia, los temas económicas han pasado a un segundo plano.

Pero toda persona cabeza de familia sabe muy bien que no son los enfrentamientos ideológicos sino las realidades económicas las que afectan directamente la vida de los hogares. Ojalá los dirigentes nacionales se sintonizaran con esas verdades elementales, y no destinaran el tiempo a destilar sus resentimientos y odios intestinos, que no construyen. Que más bien se centren en cómo enfrentar los oscuros nubarrones que se ciernen contra la estabilidad, la productividad y el desarrollo.

Se habrían percatado, por ejemplo, que después de varias décadas de favorables resultados en la reducción de la pobreza nacional, según el Dane en 2018 no solo se estancó sino que al menos 180 mil personas ingresaron a la línea de pobreza; y si se mide la pobreza multidimensional, pero aún, pues al menos un millón de personas cayeron en pobreza entre 2016 y 2018.

El Dane también reportó que en marzo la tasa de desempleo nacional se incrementó en 1.4 puntos porcentuales frente al mismo periodo de 2018, y nada parece indicar que la tendencia negativa se vaya a frenar.

Si a lo anterior sumamos que por primera vez después de años de estabilidad monetaria, el peso colombiano, junto con el argentino y la lira turca, se convirtieron en las monedas con mayor devaluación en el mundo, cabe preguntarse ¿hacia dónde miran las preocupaciones de nuestros dirigentes políticos?

La devaluación frente al dólar, que normalmente es una ventaja competitiva para la producción nacional, puede convertirse en una pesadilla si no se logra detener la inercia alcista que nos tiene ya con índices del 15% en el último año, justo cuando el sector exportador pasa por un mal momento pues las ventas de nuestros productos hacia el mundo volvieron a caer en el primer trimestre de este año.

Nada más ayer, en nuestra sección económica, informamos cómo las bolsas latinoamericanas cerraron en terreno negativo, quedando la colombiana con menos 0.20%, impulsado por un frente externo que no podemos controlar pues se refiere a asuntos macroeconómicos que dependerán de la suerte que tomen las negociaciones entre Trump y Xi Jinping, insertos en una guerra de aranceles cuyos propósitos aún no alcanzamos a comprender si sabemos que son los dos socios comerciales más importantes entre sí, a lo que se agrega el enfriamiento de las demás economías con las que tenemos relaciones mercantiles.

Qué puede merecer más atención de nuestra clase política que estas realidades. Pero están como ensimismados en defender sus posiciones doctrinales por encima de los intereses generales.

Queremos ver a nuestros líderes hablando menos cháchara y menos realidades creadas para el infructífero desasosiego. En tiempos borrascosos solo sumar y sumar voluntades, de buena fe, puede enderezar el camino.

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