¿Banana Repúblics?

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La expresión del titular de este editorial es peyorativa. Hace remembranza a un término acuñado en los prolegómenos del siglo XX por el ácido humorista estadounidense William Sydney Porter para referirse a países centroamericanos plagados de problemas propios del subdesarrollo tropical de aquel entonces, con fustigantes dictaduras e incontrolada corrupción, a propósito de la íntima relación de esos gobiernos con la poderosa multinacional United Fruit Company, que ejercía el poder detrás del trono.

Hasta hace algunas décadas así también se les denominó, desde el norte, a los países latinoamericanos en donde confluían el atraso, la inestabilidad política, la pobreza y la corrupción, con extrema dependencia de pocos productos, consistentes en materias primas y monocultivos. Sin embargo, la expresión «república bananera» se popularizó incluso para naciones de otros continentes caracterizadas por la inestabilidad política, la corrupción o la ilegalidad, como ocurrió en países de Europa del Este o del Asia Central en los últimos decenios del siglo pasado.

Si no fuera por la gravedad de los hechos y las consecuencias ya trágicas tras los sucesos de las últimas semanas, daría para pensar que en este lado del globo pareciéramos estar retornando a aquella época aciaga que describió con irritante y cínico humor el escritor Porter, bajo el seudónimo de O. Henry.

Basta mirar a los alrededores para preguntarse en qué momento se ha deteriorado tanto el barrio. Venezuela tiene hoy más de un parlamento legislando y dos presidentes, uno de los cuales es dictador y el otro gobierna, pero no manda.

Perú ya va con el parlamento cerrado y dos poderes queriendo legislar tras la intempestiva decisión del presidente Martín Vizcarra de disolver al Congreso, que a su vez suspendió al mandatario, designando a la vicepresidenta Mercedes Aráoz como nueva presidenta, quien una vez posesionada renunció al cargo, y allí van, no se sabe a dónde.

Ecuador, contra todos los pronósticos, va haciendo aguas y no es posible prever hasta dónde llegarán los sucesos desencadenados con el levantamiento del movimiento indígena, en franco enfrentamiento con el presidente Lenín Moreno, quien tuvo que abandonar la capital para trasladar el gobierno a la lejana Guayaquil. La eliminación de los subsidios a los combustibles tras los acuerdos con el insufrible Fondo Monetario Internacional (FMI), han dejado el doloroso saldo de cinco muertos y más de mil detenidos.

En medio de los vecinos en sorprendente crisis que acá aún no alcanzamos a entender, Colombia se erige como un país que crece, contra todos los pronósticos, pero, sobre todo, a pesar de la poca fe que la población tiene en el estado de la economía, al 3.3%, solo superada por Panamá y Bolivia, cuando el promedio de América Latina es del 0,8% sin incluir a Venezuela pues distorsionaría todas las proyecciones.

Conocida la realidad del vecindario es imperioso que nos agudicemos más para controlar a tiempo factores que pudieran llevarnos a que, también nosotros, no tengamos que imaginar qué significa ser una república bananera.

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