Bazurto, 42 años

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El 22 de enero de 1978 el alcalde José Henrique Rizo Pombo inauguró el Mercado de Bazurto, precedido de encendidas polémicas.

Mientras los habitantes de los barrios circunvecinos al malogrado Mercado Público, ubicado en lo que hoy es el Centro de Convenciones, respiraban satisfechos, en el barrio Martínez Martelo y zonas aledañas, presagiaban un inevitable deterioro de su calidad de vida.

El tiempo les dio la razón: desde entonces, el caos vehicular, el vertimiento de residuos que contaminan los cuerpos de agua, la pestilencia de la basura, la persistente inseguridad, la masificación de ventas informales y el inevitable merodeo de mendigos, impulsaron a muchos de los vecinos a mal vender sus viviendas.

Con el paso de los años la situación se ha hecho insoportable tanto para las familias que aún habitan alrededor del mercado, como para quienes se aprestan a comprar alimentos y disfrutar de exquisitas viandas que han sido celebradas incluso en programas de famosos chefs internacionales, rodeados de toneladas de basura y madrigueras de ratas y bichos molestosos.

Los últimos alcaldes intentaron mitigar, con paños de agua tibia, el impacto ambiental programando agotadoras jornadas de aseo, pero lastimosamente poco después de entregar las instalaciones limpias y desinfectadas, una y otra vez la mugre regresa a Bazurto, sin planes educativos para convencer a comerciantes y usuarios de que el sitio más limpio no es el que más se barre, sino el que menos se ensucia.

Por otro lado, la plaza, diseñada para dar cabida a 1.200 locales debidamente acondicionados, hoy cuenta con miles más, cifra que seguirá en aumento pues el desempleo y la migración hacen de Bazurto una plaza atractiva para ganarse el sustento diario a centenares de familias que se debaten entre la pobreza y la miseria.

Ante la situación desesperada y sin planes concretos para el manejo del gravísimo impacto higiénico y ambiental, los vecinos al Mercado de Bazurto presentaron, hace diez años, una acción popular en busca de medidas permanentes dirigidas a mitigar la contaminación que les agobia y, además, iniciar en firme el traslado de Bazurto a las goteras de la ciudad. A pesar del fallo favorable, confirmado en segunda instancia y su respectivo desacato, no ha pasado nada y a los habitantes del barrio Martínez Martelo se le agotaron las herramientas para hacer valer sus derechos constitucionales.

Alcaldes anteriores argumentaron que el predio seleccionado carece de seguridad jurídica, pero no se conocen estudios ni planes alternos mientras la construcción de la gran central de acopio permanece anclada en la incertidumbre.

Tampoco hay certeza de dónde saldrán los más de $5 mil millones que costaría su construcción y adecuación, ajustadas a las normas técnicas para que no se repita similar historia de caos, suciedad, inseguridad y mendicidad del Mercado de Bazurto.

Aunque seguramente se haría con la debida cautela para no encontrar el camino minado por la avaricia y las puntadas con dedal, es de esperar que la construcción de la nueva central ocupe lugar privilegiado en los planes del nuevo gobierno.

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