Editorial


Caballos cocheros

“Conocedores de estos asuntos insisten en que hay especies apropiadas para este oficio, que no son las empleadas por los cocheros locales, con lo cual el asunto no...”.

EL UNIVERSAL

12 de enero de 2022 12:00 AM

Los propietarios de caballos cocheros y sus colaboradores han expresado molestia por lo que perciben como una persecución de los animalistas y otros ciudadanos, que vienen proponiendo erradicar ese servicio turístico de la ciudad a propósito de incidentes que han sucedido en las últimas semanas. Pero, vistas las cosas con moderación, pudiera ser que los principales desacordes de los cocheros y de quienes se sostienen de este negocio, sean ellos mismos.

En efecto, por mucho tiempo, desde distintos sectores ciudadanos, se viene reclamando la prohibición de esta actividad empresarial en la medida en que ocurren incidentes, algunos de claro maltrato, y otros por accidentes infortunados, todo lo cual, sumado, viene acumulando un desapego por este servicio turístico, tan emblemático en el Corralito de Piedras.

En verdad que cuesta trabajo explicarle al público y, de entre este, al creciente número de activistas por la defensa de los animales, que los caballos destinados a una actividad tan demandante de energía vital, como la de los coches arrastrados por los equinos, que no hay tal maltrato y que sus propietarios son precisamente lo que más quieren a esta especie, adiestrada para esos menesteres.

Los protectores de animales no entienden cómo es posible que, siendo estos animales la fuente de supervivencia tanto de propietarios como de los cocheros, puedan maltratarlos o descuidarlos, lo que niegan estos. Pero es que no es la primera vez que se discute sobre la calidad de la atención y guarda que a aquellos se les brinda por sus cuidadores.

Recordemos que en octubre de 2021, ante las denuncias de caballos con heridas, cascos agrietados y en pésimas condiciones en las pesebreras de Marbella y Chambacú, la Procuraduría Provincial de Cartagena formuló un requerimiento a la Alcaldía de Cartagena, cuyo resultado fue un informe que, entre sus conclusiones, aconsejó la clausura o suspensión de los servicios de las pesebreras y reubicarlas en otro sitio, así como retirar los caballos que no estaban en condiciones de prestar el servicio.

Después de ese informe se esperaba que no sucedieran hechos que retornaran a la idea de erradicar ese negocio; pero no ha sido así, lo que ha revivido la idea de sustituir los equinos por coches eléctricos.

Conocedores de estos asuntos insisten en que hay especies apropiadas para este oficio, que no son las empleadas por los cocheros locales, con lo cual el asunto no es abolir los caballos, sino escoger los apropiados para el caso y cuidarlos como debe ser; esto es, como lo hacen en tantas ciudades civilizadas del mundo donde los coches son un gran atractivo turístico. Y es que, si los que ejercen este negocio no adoptan sin dilación decisiones convincentes e irrebatibles, ni siquiera esta alternativa podrá impedir que veamos en el Centro Histórico coches arrastrados por la tecnología.

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