¡Camas!

28 de mayo de 2020 12:00 AM

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Gran alivio produce la noticia dada por la Alcaldía, en cuanto a que el Distrito logró 100 nuevas camas para hospitalización y UCI; 140 más para el aislamiento de pacientes asintomáticos, y otras 70 que llegarán en los próximos días para ser instaladas en la red de atención primaria.

La información es halagüeña en la medida en que la pregunta que parecía flotar en el ambiente hasta este lunes era, probablemente, ¿y dónde están las camas?

La preocupación está más que justificada. En efecto, el débil estado en que se encuentra la red de salud de Cartagena es responsabilidad de todos. Autoridades hicieron muy poco mientras la politiquería sustrajo los recursos destinados a la salud, y la empresa privada se dedicó a crecer y construir a destajo asumiendo y viviendo como si la podredumbre no existiese. Los demás, sin querer mirar lo evidente.

Lo cierto es que, a pesar de los anuncios oficiales, nos pescará junio sin camas para tanta gente. Y no hay camas para la irresponsable actitud comunitaria, que se expresará con una crecida de contagios vergonzosa, tanto como por la falta de previsión de las autoridades como por la pasividad nuestra. Con las consabidas excepciones, todos tenemos algún grado de responsabilidad, por acción u omisión.

Mientras el país se preocupa por la viabilidad económica y otros se ocupan de la vida después del COVID, nuestro personal de salud se enfrenta, en soledad, a la calamidad anunciada: hoy Bogotá está en una ocupación de UCI del 41% y está ad-portas de decretar la alerta naranja. Cartagena, con una información confusa, registra una ocupación de camas de UCI que varía entre el 50% que informaron el martes las autoridades de salud, y el 80% que dijeron el miércoles. Por su parte, prestantes galenos sostienen que en breve las clínicas y hospitales estarán desbordados, que los pacientes congestionarán los servicios de urgencias y que habrá que recurrir a las máquinas de anestesia para poder ventilarlos.

A eso se verá abocada la ciudad y el gremio médico, de demorarse aún más las camas y ventiladores con los que contábamos en el imaginario colectivo cuando apenas entrábamos en los primeros días de aislamiento preventivo.

Entre tanto, en muchos barrios la comunidad sigue sin cumplir el confinamiento y la esperanza está puesta en que las fuerzas vivas, los dirigentes y la sociedad civil respondamos con soluciones concretas a los traumáticos retos que se avizoran; y no precisamente para usar el espejo retrovisor en busca de culpables, que es una labor a cargo de las ‘ías’, sino para enervar la insuficiencia de camas y ventiladores.

Y, aunque suene tétrico –quisiéramos no tener que decirlo–, esperamos que las autoridades planeen y nos digan si tienen una estrategia concreta para la guarda, refrigeración y cremación de cadáveres, si a eso llegamos, y cómo habremos de saber, por autopsias, qué decesos son por causa del virus y cuáles por otras patologías.

Sea lo que fuere, lo que falta por hacer está en cada cartagenero según su circunstancia o competencia; por lo que es exigible un trabajo sincero, responsable y comprometido, pero, como nunca, ¡unidos!

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