Cambio climático 2050

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El 10 de febrero de 2009, en la oficina del director de El Universal, se reunieron autoridades ambientales y distritales con representantes de la academia, gremios y sociedad civil, convocados en aquel momento por la alcaldesa Judith Pinedo, a fin de priorizar en la agenda pública los efectos del cambio climático, debido a lo expuesta que estaba Cartagena al incremento del nivel medio del mar, las intensas lluvias, la erosión costera y el fuerte aumento de las temperaturas.

Han pasado 11 años desde aquella célebre reunión y algunos frutos se hicieron notar: hoy tenemos un ‘Plan 4C Cartagena Competitiva y Compatible con el Clima’ incluido en dos Acuerdos vigentes (el 006 del 13 de junio de 2016 y el 027 del 12 de junio de 2020), así como el macroproyecto de Protección Costera, hoy financiado en su primera fase (con urgente definición en el futuro inmediato), y un mapa de las áreas de la ciudad que primero se inundarán, el cual debe marcar la pauta del desarrollo de Cartagena.

En esa trazabilidad, se conformó la Comisión Técnica Interinstitucional de Cambio Climático, espacio consultivo aprovechado en alcaldías anteriores, creado para construir consensos sobre estos tópicos. Bien vale la pena que este organismo plural sea retomado por el alcalde Dau para fijar una hoja de ruta hacia los próximos 30 años, que nos ponga a los cartageneros a repensar sobre el patrimonio natural de Cartagena, su activo ambiental y los factores claves de protección y resiliencia.

El componente productivo de la ciudad debe apostar hacia el 2050, con miras a impulsar un territorio real y consistentemente capaz de enfrentar los retos que se nos avecinan, que esté planificado ambientalmente, acorde al análisis de riesgo y vulnerabilidad, con una visión integral de largo plazo que marque el norte para que, tanto los sectores público y privado, como la sociedad civil, trabajando de manera armónica y coordinada, en un proceso incluyente y participativo, definan la Cartagena planificada desde el elemento agua.

La consecución de recursos a nivel nacional e internacional es urgente, pues la ejecución de proyectos anhelados por las comunidades, como barrios adaptados al cambio climático, debe ser una realidad a las medidas de adaptación y mitigación contenidas, por lo que sería conveniente reevaluar el retomar alternativas, vía acuerdo distrital, como la de destinar un porcentaje del ICA al Plan 4C.

La planificación de la ciudad debe atender a sistemas estructurantes, privilegiando el ecológico en punto de los sistemas de caños y lagos internos, ejes ambientales donde, a las zonas de cesión (parques, zonas verdes, etc.), se incorporen los sistemas de drenajes sostenibles (SDS) para el manejo de escorrentías superficiales que garanticen unas rondas hídricas adecuadas, resguardando la calidad del agua de cuerpos receptores y, tal como lo expresamos en reciente editorial, la importante articulación entre las secretarías de Planeación Distrital y Departamental, buscando una mejor armonía y coherencia en la reordenación del territorio.

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