Cartagena y su complejo desarrollo

16 de enero de 2020 12:00 AM

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Recientemente hemos conocido varios pronunciamientos sobre el anárquico estado de diversos sectores urbanos de Cartagena. En el más reciente, de la Procuraduría Provincial de Cartagena, incluso se pide a la administración distrital evaluar la suspensión inmediata de actividades recreativas, deportivas, sociales y de explotación comercial en las playas urbanas, rurales y de los bienes de uso público, como las aguas marítimas y zonas de bajamar, en Playa Blanca, Cholón y otras áreas.

Frente a dicha solicitud, el Consejo Gremial de Bolívar ha invitado a considerar los efectos que tal suspensión tendría en toda la cadena de operación turística de la ciudad, especialmente de las comunidades que ejercen sus actividades económicas en el sector.

Por su parte, en el conversatorio organizado por la Sociedad de Arquitectos de Bolívar, el promotor inmobiliario Arturo Cepeda propuso la suspensión de nuevos proyectos de construcción en altura en Bocagrande, lo cual es consonante con el listado de problemas que nuestro columnista Orlando Bustillo Pareja, recientemente detalló sobre Bocala en estas páginas; sin embargo, la Camacol Bolívar se pronunció en sentido contrario, esto es, en que no es necesario suspender la aprobación de nuevos proyectos.

En suma, se han movido tanto las noticias como los pronunciamientos de múltiples ciudadanos en torno del caos urbano al que hemos llegado, lo cual no deja por fuera a Barú, que reclama a gritos la mayor atención como territorio de gran riqueza natural en el Caribe colombiano, que nos permite afirmar que podemos competir frente a otros sitios de este lado del mundo que es el ‘Gran Caribe’.

No podemos dejar de mencionar el desarrollo destacado del Norte, donde se están haciendo notables inversiones y se presentan oportunidades de crecimiento organizado, pero con el peligro constante de la inseguridad jurídica frente a la amenaza de invasiones ilegales y pleitos que no terminan.

Así mismo, por falta de más de una década de planeación, Cartagena no ha definido su crecimiento, singularmente de los estratos 1 y 2 que, por el contrario, históricamente se han desplegado a fuerza de invasiones que signan la expansión urbana de estos sectores, con la consecuente legalización de lotes por parte de la Administración Distrital, seguida de inversiones tímidas e insuficientes en urbanismo y construcción de viviendas de interés social.

Todo este escenario complejo indica que será necesaria mucha creatividad y apoyo nacional e internacional para reorientar la inercia de la ciudad. En ese marco, registramos con complacencia que agencias de Naciones Unidas, como el Programa para los Asentamientos Humanos, hayan mostrado interés en acompañar a la nueva administración para construir el POT de Cartagena, entre otros apoyos técnicos, pues tercerías de tan alto vuelo ofrecen garantías, neutralidad y transparencia en estos dinámicos procesos.

En el inicio de la nueva administración, los tiempos son propicios para atreverse a pensar en grande y actuar con largueza de miras.

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