Cartagena y su futuro político

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Desde antes de conocerse la renuncia de Manuel Vicente Duque a la Alcaldía de Cartagena, empezaron a sonar nombres de posibles aspirantes con deseos de tomar las riendas de una ciudad sumida en la pobreza y la corrupción.

Parecería increíble que con todos los problemas que tiene la Heroica, alguien desee gobernarla y tratar de solucionarlos en menos de dos años; sin embargo, es cierto que nunca es tarde para salir a flote.

Estamos a las puertas de unas nuevas elecciones atípicas, un acontecimiento que debería ser motivo de vergüenza, pero también de reflexión en una ciudad que aún no ha madurado políticamente y que, al parecer, la elección popular de alcaldes, aunque es el ideal democrático, le está quedando grande. Y en ese sentido, los hechos pesan más que las palabras.

Tantas equivocaciones han llevado a que la mayoría de los cartageneros vean la política como asunto de poca monta o una ruleta de la codicia y del interés personal.
Por supuesto, es muy probable que entre quienes acuden a las urnas electorales haya quienes desean sinceramente un cambio positivo para la ciudad, pero es posible que en ellos también haya falta de sindéresis, que permite que personas sin conocimientos sólidos y sin experiencia de lo público lleguen al Palacio de la Aduana, no a gobernar sino a obedecer las órdenes de quienes financiaron sus campañas.
A final de cuentas, la gran perjudicada sigue siendo la ciudad.

Su caos y su estancamiento piden urgentemente un nuevo ciudadano, que debe forjarse en los planteles educativos con énfasis en el pleno conocimiento de la política y de los procesos electorales, donde se juegan el presente y el futuro de la ciudad donde vivimos.

El trasfondo no radica en si los gobernantes escogidos pertenecen a tal o cual estrato. Está en aprender a elegir gente que, aparte de excelente formación profesional, también esté revestida de humanidad y de un buen sentido de lo justo.

Se ha vuelto común escuchar a los aspirantes las mismas promesas. Que “Cartagena tendrá transporte acuático para solucionar el problema de movilidad”. Que “Ante tantas quejas por el abuso de algunos taxistas en las tarifas, el taxímetro será una realidad”. Que “Se les dará empleo a los mototaxistas para acabar con este transporte riesgoso e informal”. Que “Se agilizará el traslado del Mercado de Bazurto”, que “Habrá más vías, puentes”. Que “El espacio público estará despejado”. Hasta que “El Real Cartagena subirá de categoría” y un montón de promesas más son las que se hacen, la mayoría, con un populismo barato que al final es el que tiene a la ciudad enterrada.

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