“...cate que no la vi”

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El aguacate Hass es uno de los nuevos productos estrella de Colombia y exportarlos se convierte en un negocio cada vez más importante para el agro del país.

El 13 de enero pasado, Adriana Arcila, de Las 2 Orillas, publicó un excelente artículo titulado “El aguacate, el nuevo milagro del agro colombiano”, en el que analiza cómo llegó el Hass a la importancia que tiene hoy en el interior del país, que es donde se da bien. Uno de los grandes productores, según Arcila, es la familia peruana Dyer, de la que dice, entre otras cosas, que escogieron la variedad Hass, que ya siembran 350 hectáreas en Caldas, en el Valle, y en Quindío, y que aspiran sembrar 1500 hectáreas de la fruta en Colombia, con las que producirían 40,000 toneladas de aguacate al año a partir de 2025.

Por otro lado, funciona un grupo chileno, The Broom Group, que “compite por ser el mayor operador de fruta del hemisferio sur en términos logísticos. Anualmente mueven alrededor de 75.000 contenedores, principalmente de aguacate, uva y cítricos. En 2017 manejaron el 36 % del aguacate exportado del país, cerca de 510 contenedores”.

Además hay más de 2 mil productores nacionales, incluyendo el Grupo Cartama, que reúne a pequeños productores y juntos siembran 1.200 hectáreas en Antioquia, Caldas y Risaralda.

También está la vallecaucana Pacific Fruits, que “aglutinó en 2016 la producción de 150 agricultores que les permitió despachar 96 contenedores; hoy cuentan con 300 proveedores (...)”

Hoy Colombia es el cuarto productor mundial de Hass y a este aguacate solo lo supera el banano en exportación. El Hass aumenta entre 1.500 y 2.000 hectáreas al año y según Arcila, hay más de 20.000 hectáreas en Colombia, con 54 mil personas “involucradas” en Tolima, Caldas, Quindío y Antioquia. En 2017 Colombia exportó US$52,9 millones, y “en los 10 primeros meses del 2018 las ventas superaron los US$ 53,6 millones”. Esta es una muy buena noticia para Colombia.

La mala noticia es para el Caribe colombiano, especialmente los Montes de María, ya que a nuestro aguacate cada día lo quiere menos gente, y lo dice tajantemente el artículo de Arcila en Las 2 Orillas: “El cultivo del aguacate en el país esta en auge ante la creciente demanda mundial, pero no las variedades nativas, sino tipo Hass (...)”

Este último se da bien a partir de los 1200 m s. n. m., mientras que las variedades antillanas, como es el aguacate de los Montes de María, se da mejor a partir de los 250 m s. n. m., y hasta los 800 m s. n. m.. En los Montes, sin embargo, la máxima altura es la del Cerro de Maco, con 940 m s. n. m., donde están la base militar y las antenas de comunicación, es decir, ni pensar en el Hass.

Mientras tanto, el aguacate montemariano tiene mil dificultades, desde enfermedades fitosanitarias hasta mal manejo, y a pesar de los esfuerzos de USAID y del secretario de Agricultura de Bolívar, la bonanza del aguacate aquí hasta ahora nos recuerda la adivinanza de esta fruta: “Agua pasó por aquí, cate que no lo vi”.

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