Chávez: ni apaciguar, ni provocar

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Hace dos o tres años, Nicaragua decía sentirse consternada por el despliegue de fuerzas de Colombia en las aguas limítrofes de los dos países, y parecía asimilarse a sí misma como un David frente a Goliat, con un poder naval colombiano muy superior. Hablaba de nuestras fragatas como intimidadoras. Pero ayer en la mañana, la Armada nicaragüense informó acerca de la captura desde el 22 de abril de tres naves pesqueras colombianas, entre ellas la Laura Anny, a la que acusa de faenar en sus aguas territoriales, aunque las autoridades de Colombia consideran ilegal esta captura. Poco queda entonces del supuesto “miedo” que los nicas le tenían a nuestro país. Ayer mismo, un juez de Ecuador ratificó la orden de captura contra Juan Manuel Santos, mientras la Fiscalía dijo que “Los miembros de la sala deliberaron y resolvieron acoger dicha petición, por lo que la orden de prisión preventiva contra Santos está en firme” y le solicitarán a Interpol que lo capture por el presunto asesinato de 24 personas en el campamento ecuatoriano de “Raúl Reyes”, entonces el número dos de las Farc. Mientras tanto, las cancillerías de los dos países buscan la manera de restablecer las relaciones diplomáticas y señalan que el Ejecutivo ecuatoriano –como en cualquier país democrático- respeta la independencia de la rama judicial para decidir. Chávez vocifera desde Venezuela, cada vez más prepotente, amenazando con sus armas nuevas y las recién encargadas, soltando la palabra “guerra” con cada vez mayor frecuencia cuando habla de las relaciones con Colombia, especialmente en el caso de que Santos (un “lobo disfrazado de Caperucita”, como lo llamó) fuera elegido. Y después dice que no interfiere en las elecciones colombianas, cuyo pueblo puede elegir “a quien quiera”. Ojalá que ahora Chávez no se atribuya la trepada de Mockus (38%) en las encuestas reveladas ayer por RCN TV, en las que sobrepasó a Santos (29%), aunque no hay nada imposible para su megalomanía, que también le permite atribuirle al candidato de la U ser “el artífice de muchas otras cosas”, incluyendo planes para asesinarlo. Es curioso que Chávez se sienta amenazado por las 7 bases militares colombianas que usarán los Estados Unidos, que llame a Uribe “lacayo del imperialismo”, entre otros términos, y no se considere él como lacayo de los cubanos, inmiscuidos en el manejo militar de Venezuela; o de los iraníes, que también están en su país; o de los rusos y chinos, sus proveedores de armas por quienes se siente protegido; y que pretenda que Colombia no se sienta amenazada por sus amistades y armamentismo desbocado. Lo que pasa alrededor de Colombia, con vecinos envalentonados, como Nicaragua y algunos sectores de Ecuador, no es casualidad. Las nuevas audacias nacen de sentirse protegidos y aupados por Chávez, quien no cejará en su intento de “bolivarianizar” a Colombia a las buenas o a las malas, no importa a quién sea Presidente. El nuevo mandatario colombiano tendrá que saber que apaciguarlo sería tan grave -o peor- que provocarlo.

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