Cholón II

03 de diciembre de 2019 12:00 AM

ENVIAR PÁGINA POR CORREO

Como aún no se conocen detalles del accidente que cobró la vida de la joven Valentina González Medina, no podemos ocuparnos de este; pero dicho infortunio implica continuar, en esta segunda parte, discurriendo sobre lo que ocurre en las playas de Cholón, venidas a menos con pasmosa celeridad, siendo la estructura farragosa del Estado una de sus causas eficientes, debido a que en Barú confluyen múltiples autoridades que comparten y, en veces, compiten por las competencias sobre ese territorio, al punto que ninguna termina haciendo bien lo que debe.

En esa Isla concurren con sus competencias la Alcaldía, Dimar, Parques Nacionales Naturales de Colombia, Cardique, Guardacostas, autoridades de turismo nacionales, y seguramente que otras. Valoramos, en consecuencia, la reunión de coordinación que se realizó anoche. Esperamos que pronto produzca resultados para prevenir accidentes.

Pero es que en cuanto a Cholón también surgen otras aristas que merecen la atención del Estado.

Por ejemplo, frente al caos en que se ha convertido Cholón -los fines de semana sobre todo-, en el que, socapa del libre desarrollo de la personalidad y los derechos individuales de quienes lo disfrutan como si fuera un paraíso exclusivo para adultos, se ha producido la expulsión de otros turistas que buscan el descanso o el disfrute de paseos de naturaleza, de entre los cuales también vienen familias con hijos menores, que han manifestado desagrado por las exhibiciones que desde yates y lanchas muestran espectáculos que desprecian el mínimo recato o la más elemental pudicia pública, a los que en otras ciudades solo se pueden acceder en establecimientos de ambientes sórdidos.

Con el paso del tiempo, el estilo prosaico en el que ha derivado la playita de Barú va alejando a turistas que se sienten agredidos ante conductas figuradamente alborozadas pero que no pueden esconder -ni con la música estridente ni con la ensordecedora algarabía- la insoportable levedad de la inmoderación y el oropel.

A estas alturas procede preguntarnos, como cartageneros, qué responsabilidad nos cabe al no haber reaccionado a tiempo ante semejante deterioro de un destino turístico que desde hace rato se le salió de las manos a la Nación y al Distrito.

La indisciplina, la informalidad y la incuria no pueden seguir imperando en ese patrimonio natural. Las autoridades, en armonía con los líderes raizales, con los que venden los paquetes turísticos, los transportistas y los empresarios de las marinas desde las que parten las embarcaciones, no deben aplazar acuerdos para que ese espacio cuente con áreas señaladas para el atraque y fondeo de naves, zonas de reposo, sitios exclusivos de nado e inmersión, límites para el acercamiento de motos acuáticas y lanchas de arrastre deportivo o de diversión, y toda medida que pueda prevenir accidentes.

Pero también la ciudad y la nación deben definir, con los distintos grupos de interés, si Cholón se convierte definitivamente en un destino exclusivo para adultos, o si se torna compatible con otros usos acordes a los intereses de familias o viandantes de playa, sol y reposo.

TEMAS

Ahora te puedes comunicar con El Universal a través de Whatsapp

  • Videos
  • Mensajes
  • Fotos
  • Notas de voz

cuando seas testigo de algún hecho noticioso, envíalo al: 321 - 5255724. No recibimos llamadas.

LEA MÁS SOBRE Editorial

DE INTERÉS