Confrontación tecnológica

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Después de la movida del Donald Trump contra la gigante tecnológica Huawei, a la que desde 2012 el gobierno de EE.UU. señala como una entidad dependiente del gobierno chino, queda revelado que el escenario de la confrontación realmente es por el dominio tecnológico.

Desde aquel año la Cámara de Representantes concluyó en un informe especial que tanto Huawei como la compañía de telecomunicaciones china ZTE, actúan como empresas del gobierno chino, razón por la que recomendaron que no se les permitieran gestionar infraestructura estadounidense que tuviera relación con el control de las redes inalámbricas del país norteamericano.

Lo que comenzó como una guerra fría de connotaciones geopolíticas entre las dos superpotencias, rápidamente ha desvelado lo que realmente es: una batalla de razones económicas a través de la superioridad tecnológica. Por eso, los dos colosos ya no disimulan que esa confrontación la librarán también por medio de sus más emblemáticas empresas.

‘Ghost Fleet: A Novel of the Next World War’ es un libro de ficción política de los autores P.W. Singer y August Cole que narra una guerra entre China, Estados Unidos y Rusia. En algún punto de la trama, China logra aventajar a los norteamericanos al vulnerar todos los sistemas de comunicación de ese país, debido a que toda la infraestructura de los estadounidenses está construida con componentes chinos. Se podría el lector imaginar un comisionado de la FCC leyendo este libro, entrar en pánico y luego alertar a la quisquillosa administración de Trump hasta llegar a nuestra realidad actual: Google le ha revocado la licencia de Android al fabricante chino Huawei.

Pero Huawei ha tomado la delantera al anunciar que está lista para independizarse de Google y de los proveedores de componentes como Intel y Qualcomm. Nada detendrá su enorme capacidad tecnológica, de recursos y su presencia global para cuidar y proteger a sus clientes.

Se sabe que la tecnología de Huawei es esencial para el futuro de 5G, que EE.UU. no puede dejar que otra nación lidere. El asunto es que Huawei es poderosa en Latinoamérica, Europa, Asia y África, por lo que detenerla es un asunto prioritario para los halcones de Washington.

Entre tanto, el pánico de millones de usuarios de Huawei se puede sentir en todos esos continentes, y aunque las implicaciones políticas y comerciales de estas retaliaciones se conocen día a día entre los dos competidores globales, es prudente bajarle a las revoluciones conspirativas, pues es claro que Android tiene la licencia de código abierto que bien podría utilizar Huawei para seguir dando soporte a sus dispositivos. O que esta licencia no es retroactiva, lo cual implica que los Android están a salvo por lo menos en los próximos dos o tres años.

Entre tanto, y más allá de lo técnico, en esta partecita del mundo deberíamos unir fuerzas para reemplazar en EE.UU. Mercaderías que los chinos ya no podrán venderles, así como adoptar medidas que impidan el ingreso al país de las copiosas y baratas mercancías chinas, que ya no ingresarán a aquel mercado, pero que pueden destruir la producción nacional.

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