Editorial


Control a los gigantes

“Tal vez la pandemia, como en tantas otras cosas, aceleró lo que hubiera podido durar años en asumirse por los gobiernos y sus organizaciones (...)”.

EL UNIVERSAL

10 de enero de 2021 12:00 AM

Parece que los astros se estuvieran alineando para que, por fin, se regule adecuadamente a los gigantes tecnológicos, que se acostumbraron a obrar a nivel global sin Dios ni ley, con lo cual un grupo selecto de particulares han gozado de una libertad prácticamente ilimitada para propiciar, facilitar o permitir la difusión de toda clase de mensajes de datos, la gran mayoría valiosos para el conocimiento, el aprendizaje y la intercomunicación humana, pero otros con un potencial de daño enorme por cuenta de un porcentaje indeterminado de informaciones e imágenes que se difunden sin control, salvo el que, esporádica, selectiva y a veces caprichosamente aplican los propietarios o administradores de esas plataformas.

Tal vez la pandemia, como en tantas otras cosas, aceleró lo que hubiera podido durar años en asumirse por los gobiernos y sus organizaciones multilaterales. Ya no serán actos aislados las sanciones aplicadas a poderosos como Google, Facebook o Amazon en países del primer mundo, sobre todo por conductas atentatorias contra la competencia leal. Esos movimientos de retoma del control de los abusos de posición dominante por parte de los Estados contra aquellas transnacionales tecnológicas ha llegado hasta el nivel en que las dos más poderosas naciones y las que más disfrutan de los avances tecnológicos, China y EE. UU., ya iniciaron acciones judiciales o administrativas para restringir esos abusos.

El que la Comisión Federal de Comercio de EE. UU. esté pisándole los talones al archiconsentido Mark Zuckerberg para que Facebook abandone el dominio de WhatsApp e Instagram para reducir mañas monopolísticas, o que Pekín por fin abra una causa contra la omnipresente Alibaba por prácticas restrictivas del mercado, seguramente instará a que otros gobiernos del orbe asuman sus competencias.

Mientras no se configure una política concertada, clara y global sobre los límites admisibles a la libertad extrema de difusión, apropiación y control de mercados y de contenidos que tienen las grandes firmas tecnológicas, será muy difícil reducir el alto y costosísimo impacto que causan contra las empresas de menor tamaño.

La descomunal concentración del dominio y disposición sobre datos e información en las gigantes empresariales de las tecnologías no debe restringir la capacidad de competir en la red global del intercambio de información, bienes y servicios.

Seguramente vendrán las reuniones de Estados con el fin también de regular los componentes tributarios de un negocio que, por su virtud universal virtual, hoy no reporta lo justo a las arcas nacionales donde tienen alcance. Pero será inevitable que se discuta hasta dónde, sin poner en riesgo libertades fundamentales como las de expresión, empresa y comunicación, no dañen otras, como las de privacidad, competencia leal y control de los excesos que hoy son evidentes.

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