Control a las chivas turísticas

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Ayer el Datt emitió un comunicado informando que para “(...) para una mejor prestación del servicio a turistas, el Departamento Administrativo de Tránsito y Transporte de Cartagena, Datt, retomó proceso de control y revisión a las chivas turísticas”, efectuando un operativo en Bocagrande el miércoles por la noche, y seis de estos vehículos fueron sancionados y dos inmovilizados, especialmente por fallas tecnomecánicas.

“Fernando Niño, director del Datt, dijo que “Vamos a continuar realizando este tipo de controles en compañía del Establecimiento Público Ambiental (EPA) para garantizar que este tipo de servicio cumpla con todas las condiciones necesarias para prestar un servicio con seguridad y eviten seguir incurriendo en algunas contravenciones a las normas de tránsito”. También dijo que los funcionarios del EPA “(...) efectuaron mediciones a las emisiones de gases de los vehículos para verificar que no generen contaminación ambiental”.

Las chivas turísticas son un activo de la ciudad y un gran éxito con nuestros visitantes, especialmente para cierto perfil de turista que convierte un tour de la ciudad, en una pequeña rumba motorizada, quizá pensando los participantes que ese comportamiento fiestero es autóctono, o ‘típico’, del Caribe colombiano, y concretamente de Cartagena, y al incurrir en él se sienten más próximos a esta región.

La mayoría de las chivas, sin embargo, se cuidan muy poco de la gran cantidad de ruido que hacen con su amplificación, como si no les importara cumplir las normas que limitan el volumen dentro de la ciudad (la cantidad de decibeles permitidos), especialmente al atravesar áreas residenciales haciendo mucho ruido. Sus pasajeros son estimulados a gritar todo el tiempo, como si hacer mucha bulla fuese directamente proporcional a estar más felices y a pasar un rato más agradable.

No puede seguir haciendo carrera que el turismo se debe hacer a base de ruido y amplificación, no solo en las chivas sino en muchos establecimientos, como si los habitantes permanentes de la ciudad no importaran y fueran apenas elementos decorativos del escenario turístico. El turismo sostenible es el exitoso, y este tiene que respetar su entorno, y muy especialmente a los residentes permanentes de los lugares donde funciona.

Así que felicitamos al Datt por su iniciativa, y le sugerimos no solo al EPA que controle el volumen de las chivas, sino a sus propietarios y operadores, que se controlen a sí mismos para que la ciudadanía los vea como sus aliados, y no como sus enemigos.

 


 

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