Corregir el camino

25 de febrero de 2020 12:00 AM

ENVIAR PÁGINA POR CORREO

Las relaciones del alcalde -y algunos de los miembros de su equipo- con varios concejales se han agrietado al punto de las ofensas, un límite al que no deben llegar los gobernantes pues son los primeros llamados a dar ejemplo de prudencia, aplomo y compostura.

La tirantez entre esas dos instituciones, Alcaldía y Concejo, no podía descartarse conociendo los antecedentes que precedieron al 1 de enero de este año. Las campañas por el primer cargo distrital y por las 19 curules del ente edilicio se movieron en unos niveles de alteración por cuenta de, entre otras causas, la estrategia disruptiva, exitosa por cierto, implementada por William Dau, que implicaba una inevitable confrontación con las casas políticas tradicionales.

Sin embargo, el rompimiento en el entendimiento entre las partes está tomando un camino dañoso que tiene que ser corregido.

Varios de los concejales ayer protagonizaron una sesión tormentosa, en donde afloraron sentimientos que cantean frustración, ira, soberbia o rencor. No tenemos la información suficiente para calificar si esos sentimientos están justificados o no. Pero sí podemos afirmar que sea lo que fuere, no hay cabida a llevar las diferencias hasta los extremos de la ofensa. Y esto es de doble vía; es decir, ni del alcalde Dau y sus compañeros de gobierno hacia los concejales, ni de estos hacia aquellos. Nada justifica rebajar los diferendos de las dos instituciones políticas más representativas de la ciudad, a los sitiales que se mostraron ayer, y que ya antes habían marcado declaraciones y actitudes de la administración.

Lo anterior, en lo adjetivo, esto es, en las formas.

Pero el alcalde Dau está obligado a revisar si las decisiones que ha adoptado, materia de recriminación por concejales, tienen fondo o peso sustantivo. Si se han cometido errores en nombramientos o de otra naturaleza, advertidos por los concejales, deben ser corregidos a la mayor brevedad, pues lo que está en juego es la credibilidad de una administración a la que hoy le apuestan todos los que quieren un cambio real en las malas costumbres que se empotraron en la gestión de los recursos y bienes públicos distritales.

De la misma manera, si la agresividad de concejales hacia la administración no es producto del ejercicio decente del control político al que tienen derecho, sino al afán de obtener provechos ilegítimos, el alcalde debe mantener su posición, pero guardando las maneras mínimas que se relacionan con las dignidades de los cargos que entre todos encarnan, independientemente de quienes los ocupan.

La ciudad sueña con que este periodo, bajo el mando de una persona que se ha comprometido a luchar contra el primer mal de nuestro sistema, que es la corrupción, pueda gestar un nuevo tiempo que recupere en lo posible tantos años perdidos en la mediocridad y la codicia. Para esto, se requiere que haya ductilidad en la gestión liderada por el burgomaestre, lo cual comienza por una relación medianamente armónica con el Concejo Distrital. Si esta relación sigue como va, esos sueños podrían aplazarse, otra vez.

Con un ambiente como el actual, no se construye ciudad.

TEMAS

Ahora te puedes comunicar con El Universal a través de Whatsapp

  • Videos
  • Mensajes
  • Fotos
  • Notas de voz

cuando seas testigo de algún hecho noticioso, envíalo al: 321 - 5255724. No recibimos llamadas.

LEA MÁS SOBRE Editorial

DE INTERÉS