Cruzada por la justicia

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A raíz de los tropiezos en procesos judiciales por cuenta de imputaciones fallidas de la Fiscalía, que se dan incluso en casos que tienen sensible connotación pública, como el de los hermanos Uribe Noguera o el de la preclusión de investigación contra el cantante Richard Muñoz Cardona, imputado por homicidio del asesino de su esposa en Fusagasugá, que se suman a otros dislates procesales, prestigiosos abogados defensores señalan que tales tropiezos tienen su remota causa en el afán de figuración o protagonismo de sus altos funcionarios, lo que se suma a la necesidad de producir resultados a como fuere lugar de cara a la calificación que obtienen los servidores judiciales por los expedientes que tramiten mes a mes.

El asunto puede ponerse peor cuando la investigación es contra una figura pública, pues se corre el riesgo de caer en la tentación de convertir el caso en un pleito político o el de exhibir resultados a cualquier costo.

Por eso, cuando el deseo de figurar se confunde con el deber de informar, y en el centro de la revelación está el buen nombre o la dignidad del investigado, la justicia pierde la compostura y se convierte en espectáculo. Y cuando la majestad de la justicia no se protege de la vanidad de quienes la dispensan, se corre el riesgo de darle paso al sensacionalismo, que se lleva en banda derechos personalísimos difíciles de recuperar por más que vengan las preclusiones y las absoluciones.

Cuando la justicia no se deja coquetear por la jactancia o el engreimiento de quienes tienen la grave responsabilidad de impartirla, las sociedades caminan tranquilas porque saben que se puede confiar en sus resultados.

Los temores de una justicia ineficiente o, peor aún, parcializada, se incrementan cuando la percepción ciudadana concluye que en un determinado juicio no habrá probidad debido a los intereses que se tocan o por la significancia de las personas que se investigan. Es en estos casos cuando los funcionarios judiciales deben tener mayor cuidado, porque difícilmente hay algo más despreciable que una providencia signada por los intereses creados o por razones políticas o por contraprestaciones pútridas.

Si la justicia no es independiente, o se deja permear de las ideologías en conflicto, o no sabe guardar la compostura frente al aplauso pueril de la tribuna, no vale la pena sostenerla.

Por todo ello es bienvenida la oportuna iniciativa de la Federación Nacional de Jueces y Fiscales, que está empeñada en recuperar el buen nombre de la justicia mediante el compromiso de mejorar en atención al público, oportunidad en las decisiones y comportamiento ético.

Acaba de proponer la Federación, conformar entre el Estado –con la Rama Judicial a la cabeza- y la ciudadanía lo que denomina como una “Gran cruzada nacional por la dignidad de la Justicia”, con el fin de confrontar los desafíos que enfrenta tanto la Rama como la nación en su conjunto.

A no dudarlo, que en este laudable propósito jueces y fiscales contarán con el apoyo y decidido acompañamiento ciudadano.

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