Daño colateral

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El atentado terrorista de cuya autoría el Gobierno señaló al ELN ha tenido unas consecuencias humanas horribles, en primer lugar para las personas y familias que sufrieron el cobarde ataque en carne propia, cuyo dolor solo puede crecer todos los días, al igual que un sentido de impotencia si el Estado no lo resuelve pronto y a fondo. Y luego, el dolor de patria también es de todos los demás colombianos, cuya indignación es generalizada.

Aparte del cinismo criminal y sangre fría de un ataque de este tipo, y de las preguntas de difícil respuesta, como por ejemplo, ¿cómo pudo entrar el terrorista sin que se lo impidieran, a las buenas o a las malas? ¿Qué pasó con los servicios de inteligencia de la Policía y del resto del Estado que no lo previeron ni intuyeron? ¿Habrá una nueva generación de terrorismo colombiano en el que los autores están dispuestos a inmolarse?

Además de todas esas dudas, algunas terribles, hay otros daños colaterales que también podrían afectar a muchas más personas en el país. Sin quitarle la importancia enorme y positiva que tiene la desmovilización de muchos hombres de las Farc, la mentirilla para exportación del presidente Santos de “La paz”, como si fuera una sola y consolidada, quedó ya destruida, para mal del país, al recoger casi todos los medios internacionales importantes la noticia del atentado a la escuela de la Policía. El lado menos malo de este suceso es que obligará al país a encarar la realidad.

Como lo señaló el viernes pasado la columna de la Universidad Tecnológica de Bolívar, escrita por Armando Mercado V. en este periódico, el (CICR), o Comité Internacional de la Cruz Roja, dice que “Actualmente el CICR considera que hay al menos cinco CANI (Conflicto Armado No Internacional) en Colombia: cuatro, entre el Gobierno del país y el Ejército de Liberación Nacional (ELN); el Ejército Popular de Liberación (EPL); las Autodefensas Gaitanistas de Colombia (AGC); y las antiguas estructuras del Bloque Oriental de las FARC-EP que no se acogieron al proceso de paz. Existe también un quinto CANI entre el ELN y el EPL, cuyo epicentro es la región del Catatumbo”.

El atentado contra los jóvenes de la Policía obligará no solo al Gobierno a encarar la realidad anterior, sino a la opinión pública, una buena parte de la cual se tragó el cuento incompleto de “La paz”, cuyas falencias señalamos aquí varias veces.

Ahora hay unas bacrim, o como se las quiera llamar, no solo envalentonadas, sino enriquecidas enormemente por cultivos ilícitos que crecieron a unos tamaños insospechados durante los 8 años anteriores, y ahora tienen con qué comprar más armas y reclutar más gente.

Ojalá el país pase rápido de la etapa de sorpresa e indignación, a la de una acción contundente, unificada y sin la polarización ni las usuales posturas maniqueas. Eso puede ser pensar con el deseo, pero no parece haber otra manera de encarar con algún éxito todos estos retos que ya se comienzan a ver con más claridad.

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