Editorial


Decreciendo

“Si no se activa un programa contracíclico, que imponga mover los recursos que se tienen en caja para proyectos de infraestructura, lo que padeceremos es más pérdida de empleos...”.

EL UNIVERSAL

17 de febrero de 2024 12:00 AM

El decrecimiento que tuvo la economía colombiana en 2023 muestra que el Gobierno nacional sí ha sido eficiente en ese logro. Y no es una afirmación sarcástica. La exministra de Minas y Energía, Irene Vélez, en un acto de sinceridad inusual en la política, reveló en septiembre de 2022, en el Congreso Nacional Minero, en Cartagena, la posición filosófica de decrecimiento, lo que explica por qué se han adoptado decisiones que riñen contra el crecimiento económico, siendo las más importantes las relativas a la exploración de hidrocarburos, el sector Minero, la política de Salud y la de Vivienda.

El Dane ha señalado que nuestra economía cerró 2023 con un crecimiento en el Producto Interno Bruto (PIB) del 0,6%, la mitad del 1,2% pronosticado por organismos internacionales y otras entidades financieras (en 2022 fue del 7,3%), siendo la construcción -4,2% y la industria manufacturera -3,5% los que más bajaron.

Hace algunas semanas, mirando el comportamiento del último trimestre de 2023, en este espacio se expresó que una propuesta de reactivación urgía, la cual implicaba –y lo sigue siendo–, una efectiva gestión de inversión de los presupuestos y recursos no ejecutados –que engrosan las arcas de los bancos–, o en corregir los errores en los diseños de determinadas políticas, singularmente las de decrecimiento, instauradas por razones ideológicas más que prácticas.

Si no se activa un programa contracíclico, que imponga mover los ingentes recursos que se tienen en caja para proyectos de infraestructura; o los giros retenidos para el sector salud a pesar de la orden dada por la Corte; o los tres días sin IVA para animar el comercio; o reducir el IVA al turismo, beneficio que se quitó en la tributaria del ministro Ocampo, que a su vez creó o subió impuestos en un mal momento para la economía, lo que padeceremos es más pérdida de empleos, más ofertas de distribución de subsidios sin fuentes sólidas de financiación.

Para citar solo un ejemplo de los problemas que se vienen, tomemos el errático caso del impuesto saludable (de 15%), no por el efecto sobre las ventas de las empresas productoras de alimentos, sino sobre la liquidez de estas, pues si se suman ese 15% –que será de 20% a partir de enero de 2025– con la exigencia de pagar (desembolsar) a la DIAN el impuesto cuando aún las facturas a los clientes no se han vencido o no se ha logrado el correspondiente recaudo, más el ajuste a los precios de los productos cercano a lo que incrementan sus estructuras de costos (un valor aproximado al IPC de 9,28%), más el 15% del impuesto saludable, hay un alza promedio real del 25% en los precios de venta al público, lo cual golpea la inflación y el poder adquisitivo de los hogares.

Pero así pasa con otros impuestos, que están asfixiando a las empresas.

Es inevitable, así, que vengan despidos copiosos en las compañías formales y más dificultades para pagar los impuestos.

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