Del aplauso a la afrenta

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En la Convención de Ginebra de 1949 se establecieron las bases para que, aún en medio de feroces guerras, la Misión Médica se respetase, teniendo como referente el Derecho Internacional Humanitario.

Desde entonces, el personal sanitario goza de protección especial al igual que los hospitales, ambulancias, heridos y enfermos, sin ninguna excepción, obligando a las autoridades competentes a vigilar su estricto cumplimiento.

En concordancia con lo anterior, mediante la Resolución 1020 de 2002 emanada del Ministerio de Salud, el Estado fijó normas tendientes a proteger la Misión Médica, incluyendo a todo el personal sanitario, bienes, instalaciones, instituciones, vehículos, equipos y materiales, adoptando el emblema distintivo fácilmente distinguible para las partes en conflicto.

Posteriormente, mediante Resolución 4481 de 2012, el Minsalud estableció la señalización y divulgación del emblema de la Misión Médica en toda Colombia para las entidades oficiales y privadas. Hoy las podemos ver en todos los centros de salud; pero, como suele ocurrir, las leyes protectoras se muestran como saludos a la bandera.

Los últimos acontecimientos de agresión física y amenazas de muerte al valeroso ‘ejército’ de la salud que lucha por defendernos del COVID-19, así lo demuestran.

Aquí, en Cartagena, médicos y enfermeras no sólo reciben maltrato laboral, también agresiones de toda índole, culpándolos incluso de ser responsables de los fallecimientos causados por la pandemia; algunos aseguran que, por cada paciente fallecido, los profesionales de la salud reciben millonarias recompensas de las funerarias y sus hornos crematorios.

Por lo mismo, no sentó nada bien las temerarias declaraciones del ministro de Salud, quien denunció frente a medios de comunicación la existencia del supuesto “Cartel del COVID-19”. A pesar de que posteriormente rectificó, dejó en el ambiente la supuesta ‘perversidad’ de los galenos, quienes no sólo le ponen el pecho al agresivo virus, sino que ahora son blanco de desadaptados y violentos, buscando vengar la muerte de sus seres queridos. Lastimosamente, en el país ya van más de seiscientos trabajadores de la salud víctimas de la pandemia y una docena ofrendaron sus vidas para protegernos.

Con el paso de las semanas los servidores sanitarios han pasado de ser héroes a villanos; se extinguieron los aplausos a cambio de insultos, intimidaciones, discriminación, agresiones y amenazas de muerte.

A pesar del esfuerzo y sacrificio, en Cartagena las agresiones a médicos y enfermeras se multiplican. Celebramos, por ello, la constitución del grupo multidisciplinario liderado por la Fiscalía, el comandante de la Policía Nacional en Bolívar y presidente de la Mesa de Trabajo de la Salud de Cartagena y Bolívar, con el objeto de darle cumplimiento a la normatividad vigente y coordinar, en forma inmediata, la protección integral de la Misión Médica antes de que ocurra una tragedia que nos duela y avergüence a todos.

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