Desprecio al ambiente

21 de mayo de 2020 12:00 AM

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Dos noticias sobre perspicuos actos de desprecio al ambiente hemos publicado en la última semana. Una, relativa a renovados actos de invasión al cerro de La Popa; la otra, sobre rellenos descarados de la Ciénaga de La Virgen con miras a sustraerle varias hectáreas de agua a su frágil hábitat.

Osadamente, prosigue la acumulación de daños ambientales en esas zonas “protegidas”, en especial en la Ciénaga de la Virgen, consecuencia de la desaforada expansión de la urbanización informal e ilegal de las orillas e, incluso, en el interior de los cuerpos de agua.

Con palos, demarcando la zona a poblar, parte de ese 25% de pobreza extrema sobrevive y se ve en el continuado, extenso y doloroso relleno que va desde el final de la vía Perimetral hasta El Pozón, o que se sube temerario a los cerros, en especial a La Popa, deforestando, quemando y colgando sus precarias casas sobre barrancos de la agredida reserva natural.

Es la población en alto riesgo que aparece en estudios como el Plan 4C; el estrato 0 o 1, de donde surgen ilícitas iniciativas que aprovechan la incapacidad del Distrito para proteger la integridad del territorio para vender “lotes” justificando ese proceder depredador en la necesidad y el derecho a una vivienda que el Distrito no está en posibilidad de satisfacer.

La ausencia de una reacción social y estatal parte de una extraña mezcla de conductas y sentimientos contradictorios como la impunidad frente al cambio del uso del suelo, el clientelismo, la misericordia, la tolerancia y hasta la solidaridad de sectores y comunicadores que reivindican derechos comunitarios para rellenar.

Claro, también están los financistas, los que compran complicidades, silencios y testaferros a lo largo de la destrozada margen derecha del Anillo Vial, o en las invasiones de Marlinda y Villagloria, negándose a cumplir con su reubicación; o, empleando el argot acuñado por nuestro columnista Rafael Vergara, los planificadores del “ecocidio” de Tierrabaja y Puerto Rey, para no hablar de los impactos “multiestrato” en los caños, lagos o las bahías, Tierrabomba, Barú y las Islas.

En ese panorama, que se replica en toda la zona costera del país, la alternativa que está resultando más efectiva es la configuración de los Ecobloques, es decir, el trabajo mancomunado entre las autoridades o entes competentes, con los cuales se está enfrentando, en distintas jurisdicciones municipales, incluido nuestro Distrito, un desafío que exige la participación decidida de todos los estamentos y, por supuesto, del Gobierno nacional, porque la solución es múltiple e integral y no da espera.

Pero para detener los daños se requiere de mayor inversión social a fin de reubicar y rescatar esos ecosistemas que aún son recuperables.

Para todo ello es necesario acelerar el rescate de la autoridad, con el fin mayor de hacer cumplir la ley a todos, lo cual pasa, necesariamente, por unas Fuerzas Armadas y Fiscalía más comprometidas en derrotar el concurso de delitos que sus autores cometen contra la continuada y aberrante agresión al ambiente.

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