Editorial


Deuda pública y reforma fiscal

“Es de esperar que el presidente Duque y su ministro de Hacienda tengan en cuenta que no todo debe basarse en el incremento de las tarifas de impuestos (...)”.

EL UNIVERSAL

21 de febrero de 2021 12:00 AM

No va a ser fácil librarse de una nueva reforma tributaria –la tercera de este Gobierno-. Hacienda informa que la deuda pública creció 12.8%, pues pasamos del 48.6% del PIB en 2019, a 61.4% en 2020; y el déficit fiscal, que en 2020 terminó en 7.5 % del PIB, se estima que podría ser mayor en 2021. Está claro que el endeudamiento estatal se disparó con ocasión de la pandemia, y que los recursos se han usado sustancialmente para cubrir el déficit provocado por esta.

Nadie discute que el Gobierno central necesitará de más fondos para atender los gastos de la vacunación colectiva, la continuidad de los programas de asistencia a familias y empresas impactadas por los estragos de la pandemia (apoyo al empleo formal, subsidio del pago de nóminas, familias en acción, etc.), a tapar los huecos por la reducción del recaudo de impuestos en 2020 (cercano al 7%), y el mayor costo por el incremento de la deuda pública.

Pero no la tendrá fácil el ministro Carrasquilla. Ya le han salido toda suerte de detractores con diversos argumentos, como los que alegan que la reforma solo favorecerá a los que más tienen con la excusa de acelerar el crecimiento; otros, que se sobrecargará la canasta familiar con la ampliación del IVA a más productos aun cuando ya esté operando la figura de la devolución de ese impuesto a los más pobres que lo pagan; o que no es posible mejorar el recaudo si se mantienen las exenciones, exoneraciones, tarifas diferenciales y demás beneficios tributarios. Y si a esto se suma la acritud del debate político ya con miras a las elecciones de 2022, el costo que pesará sobre la imagen del actual gobierno será demasiado alto.

Por eso, aun cuando reputados analistas insisten en la necesidad de la nueva reforma fiscal, es de esperar que el presidente Duque y su ministro de Hacienda tengan en cuenta que no todo debe basarse en el incremento de las tarifas de impuestos, o castigar más a los asalariados, trabajadores y profesionales independientes, y no recargar más retenciones en los contribuyentes de siempre.

Para incrementar el recaudo también están otras alternativas, tales como la eficiencia en el gasto, que pasa por reducirle costos a la gestión de la actividad pública u oficial; o la eficiencia en el recaudo, que implica ir a buscar lo debido por impuestos poniendo el foco en los que los eluden, pues por pereza en la gestión de cobro se suelen programar las visitas a los que siempre pagan; o centrarse, más que en una reforma coyuntural, en sacar la estructural, pendiente hace años, para acabar con la inestabilidad normativa, que ahuyenta la inversión; atender las propuestas de creación de impuestos verdes sin que se incrementen los costos de servicios públicos domiciliarios, así como a las plataformas digitales.

Pero, sobre todas las cosas, cerrarle el camino a la corrupción. ¿Quién quiere pagar más o nuevos impuestos si se tiene la impresión de que se los robarán?

TEMAS