Economía Naranja

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Los términos Economía Naranja e Industrias Creativas y Culturales, que para no pocos parecía un tema extraño, a fuerza de tanto mencionarlo el entonces candidato Duque en el pasado debate electoral, y al haberlo incluido con relevancia en el Plan Nacional de Desarrollo, resulta ya un tema muy popular que despierta interés en los mercados emergentes.

No solo por lo anterior, sino también por el ejemplo que podemos tomar sobre el impacto positivo que estas han generado en América Latina y el Caribe, podemos ver un mundo de posibilidades que pueden concretarse singularmente para crear oportunidades productivas en nuestra ciudad. Esto se traduce en un llamado a nuestros jóvenes emprendedores y a las empresas que hacen parte de las industrias creativas, que aún no son conscientes de ese potencial que empresarios de otras ciudades y extranjeros sí están aprovechando.

Para definirlo, las Industrias Creativas y Culturales (o Economía Naranja), son aquellas cuyo objetivo es materializar la creatividad en productos y servicios al utilizar las ideas “fuera de lo convencional” como motor para la innovación en todo tipo de industrias.

Formalmente, las industrias creativas se dividen en dos categorías: la primaria, conformada por sectores como la arquitectura, artesanías, diseño, medios, moda, música, servicios creativos, software y plataformas digitales. La secundaria, corresponde al patrimonio cultural, desarrollo urbano y vivienda, impacto social, educación, medioambiente, turismo, salud y bienestar.

En cifras, los servicios basados en la creatividad generaron en 2015 un total de $547 mil millones de dólares, siendo esta tan significativa que superara a la industria automotriz de la Unión Europea, Estados Unidos y Japón, siendo la suma de sus trabajadores equivalente a la población de París, Nueva York y Londres, juntas.

Puesto así, la Economía Naranja representa la oportunidad para que jóvenes y empresas que se sienten ligadas a la creatividad y consideren que no reciben el valor que se merecen, cobren su identidad y sepan que su labor representa un vasto panorama de posibilidades frente a un futuro que habla de menos oportunidades de trabajo por el desplazamiento de la inatajable competencia de la inteligencia artificial, vinculada a la automatización y la robótica.

Estamos obligados a acompañar a las nuevas generaciones facilitando la promoción y expansión de las áreas creativas como una ventana alternativa hacia los horizontes que nos presentan los avasallantes avances tecnológicos, para encontrar otras soluciones a los retos que impone, a la economía local, los progresos que las naciones desarrolladas han logrado desde la distancia, lastimosamente a nuestras espaldas.

Debemos sentarnos a conversar con nuestros jóvenes desde sus propios ámbitos sobre el futuro que perciben y motivarlos a no temerle a intentar nuevos emprendimientos en esta ciudad que tanto potencial creativo tiene por explotar, que ahora solo aprovechan los no nativos que sí se atreven a tomar los riesgos que localmente los cartageneros se niegan.

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