El ambiente

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Hoy se celebra el Día Mundial del Medioambiente, fecha propicia para reflexionar cómo estamos gestionando el tema en Cartagena, justo en estas semanas que quedan de apertura escalonada de los sectores que aún faltan, que son la mayoría, para arribar a acuerdos que permitan tener tanto las reglamentaciones como los diseños y protocolos, para que la apertura no signifique volver a lo mismo.

El daño al ambiente, por la informalidad en la gestión de suelos, espejos de agua y fondos marinos agrede un patrimonio que no es sólo nuestro, pues es de la suma de quienes nos precedieron y a quienes les habremos de heredar la Tierra; también vulnera la oferta generosa que nos da la naturaleza, así como los servicios ecosistémicos, sus activos ambientales, a lo que se suma la improvisación que signa nuestra historia urbanística, con barrios mal planificados y no adaptados al cambio climático. Es inaudito que en una ciudad costera, donde el eje planificador debe ser el elemento agua, hayamos dejado pasar el tiempo sin regularlo y preservarlo.

Los sistemas insulares, el patrimonio histórico no resguardado, con más turismo pero sin organización, o empresas eficientes que no preservan los recursos, son cuentos que conocemos pues hacen parte de una realidad que pareciera que se detuvo hace sólo unas semanas por el coronavirus. Sería el colmo que por desidia o negligencia volvamos a más de lo mismo; esto es, a un panorama en el que se retomen las afectaciones a la calidad de vida de nuestra gente, lo cual perpetuaría el crecimiento insostenible.

Si ya sabemos cuál es la génesis del daño al ambiente, o a la informalidad y la incultura que lo reproduce, es inadmisible que continuemos sin un ordenamiento ambiental del territorio y, peor, cuando lo tengamos, que no se cumpla.

Entre los instrumentos de planificación local, el Plan de Ordenamiento Territorial (POT) formulado en 2001, no ha recibido la revisión estructural que la urbe viene reclamando a gritos. El nuevo Plan, que debería tener una visión al 2050 o, al menos, al 2033, cuando cumplimos 500 años, no hay que aplazarlo más. Incluso, hay que perder la timidez a dictar los acuerdos y decretos transitorios que se requieran para ponernos a tono con tantos retos que nos dejaron rezagados hace rato.

Finalmente, revisar la agenda ambiental Distrito-Cardique, partiendo de la Directiva No 0012 de 2020 por la cual el Procurador General de la Nación solicitó a gobernadores y alcaldes incluir en el marco de la elaboración de sus planes de desarrollo 2020-2023, los aspectos relacionados con la gestión ambiental, como las determinantes ambientales, el sistema de gestión de riesgos de desastres y la adaptación de cambio climático, así como calidad del aire.

Por ello, la priorización de las inversiones conjuntas debe ser liderada para atender, por ejemplo, el saneamiento ambiental de los sistemas hídricos, la restauración del cerro titular y pulmón verde de Cartagena (de la Popa), y la restauración ecosistémica de la estructura ecológica principal de la ciudad, entre otras asignaturas pendientes.

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