Editorial


El BID de Claver-Carone

No valieron las manifestaciones de molestia provenientes de los más destacados dirigentes políticos, empresariales y sociales de países (...)”

EL UNIVERSAL

15 de septiembre de 2020 12:00 AM

Finalmente, en torno de la elección del nuevo presidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el presidente Donald Trump se salió con la suya al imponer para ese cargo a uno de sus funcionarios más cercanos, el cubanoamericano Mauricio Claver-Carone.

Cuando Claver-Carone inició su campaña, pocos apostaban por su empeño, pues prácticamente desde su fundación su país respetó que la presidencia de ese organismo financiero multilateral quedaría siempre en manos de un latinoamericano. Hasta ahora todos los mandatarios estadounidenses habían honrado esa tradición, pero es evidente que Trump, fiel a su capacidad de romper con esquemas acordados expresa o tácitamente por la comunidad internacional, optó por asegurar, no importa el precio del malestar entre líderes de diversas naciones, un mayor control sobre el futuro de una de las instituciones más importantes en la economía global.

No valieron para nada las manifestaciones de molestia provenientes de los más destacados dirigentes políticos, empresariales y sociales de países latinoamericanos e, incluso, voceros del candidato demócrata Joe Biden. Pesó el alto porcentaje de la capacidad de voto que tiene EE. UU. en ese organismo y el acompañamiento de países con entidad en la institución, incluido el nuestro, con los que logró imponerse en la elección de este sábado. Esa fractura en la tradición hace pensar a calificados conocedores de estos temas que, en el arranque de su periodo, Claver- Carone tendrá que sortear duras pugnas justo en tiempos tan complejos por los efectos de la pandemia.

Y no la tendrá fácil también porque las posiciones de Claver-Carone no se parecen mucho a las que han expresado varios líderes de países de este hemisferio, como los de México o Argentina, en temas sensibles, como una mayor laxitud para la aprobación de créditos a estados e instituciones, o más programas para el desarrollo social o ambiental de los países miembros del BID.

Pero en Oriente también hay preocupación, pues si el manejo del BID quedó en manos de uno de los alfiles de la línea dura de Washington, países como China o Rusia lo podrían ver como un obstáculo en sus afanes expansionistas por estos lados del orbe.

Como Colombia fue, según se sabe, factor importante para esa elección, seguramente por el hecho de que el presidente Duque laboró en el BID varios años contando así con un conocimiento directo de los vericuetos con los que se mueve el poder en esas altas esferas, da para pensar que su gobierno se la jugó a fondo en la exitosa campaña del nuevo presidente del BID, singularmente después de la visita que éste le hizo con delegados del gobierno de Trump hace unas cuantas semanas en Bogotá, por razones estratégicas, pues tras esa visita hubo el compromiso de una mayor iniciativa de crecimiento de las relaciones económicas entre ambos países.

Es de esperar, entonces, que nuestro Gobierno sacará ventaja del evidente patrocinio a esa polémica elección. De no hacerlo, el precio a pagar por el enfado de los contradictores del cambio en las tradiciones del BID, no habrá valido la pena.

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