Editorial


El cambio de fiscal

“Es un despropósito plantear que hay en curso un golpe de Estado. Ha habido un fiscal que ha facilitado excusas que necesitaba el Gobierno para mejorar su estrategia de defensa y de preservación del poder”.

EL UNIVERSAL

07 de febrero de 2024 12:00 AM

Ningún hecho político o judicial en este país puede ser más importante hoy que la elección de un nuevo fiscal general de la Nación. Para el Gobierno su subsistencia depende de que salgan de la Fiscalía el titular actual y la segunda a bordo.

Para el presidente la presencia de ambos en ese organismo de investigación y acusación supone el más alto riesgo de daño concreto a la estabilidad de su mandato, pues aquellos no solo tienen la potestad de recaudar pruebas y compulsar copias a la Comisión de Acusaciones de la Cámara de Representantes sobre la conducta del candidato Gustavo Petro y de su gerente de campaña; también tienen la posibilidad de privar de la libertad a parientes, líderes y seguidores del partido Colombia Humana, del Pacto Histórico y de organismos influyentes como Fecode, lo que explica la urgencia de los pronunciamientos y las anunciadas movilizaciones contra la Fiscalía, pues varios en el Ejecutivo y sus cooperadores cargan con una espada de Damocles que podría desfigurar el poder que se dispensa desde la Casa de Nariño.

Los beligerantes pronunciamientos del fiscal contra el primer mandatario desdibujan los actos de este que, en su momento, pudieran considerarse ilícitos. Es un error que quien ocupa tan importante cargo, tal vez el segundo con mayor poder después de la Presidencia, se trence en agrias polémicas con el jefe del Ejecutivo, así tuviera la razón, pues lo que se espera de la Fiscalía es que sus pronunciamientos se hagan en proveídos formales.

Aunque contradictores del actual Gobierno se sientan representados por el fiscal Barbosa, quien para ellos pareciera haber tomado la vocería de la oposición política, es más el daño que se le hace a la credibilidad de la Fiscalía y sus procesos de instrucción, que a la imagen y legitimidad de la cabeza del Ejecutivo. Para sustentar este aserto, basta que por un momento imaginemos que nunca hubo pronunciamientos destemplados, impertinentes o inoportunos del fiscal general en cuanto al presidente Petro, sus funcionarios y parientes, y que solo a través de las providencias sustentadas en pruebas oportuna y legalmente allegadas a los expedientes se conociera la marcha de las distintas investigaciones. Por supuesto, no habría excusa suficiente para que el presidente alegara en su defensa el presunto golpe de Estado o el rompimiento institucional del que habla, con notable provecho político para las tácticas mediáticas y populares de él y sus colaboradores.

Es un despropósito plantear que hay en curso un golpe de Estado. Lo que ha habido es un fiscal desbocado que imprudentemente ha facilitado excusas que necesitaba el Gobierno para mejorar su estrategia de defensa y de preservación del poder.

Es seguro que la Corte tiene claro todo esto, y que sabrá proceder de conformidad con los retos que le plantean las realidades políticas, mas importantes ahora que las judiciales.

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