El Centro Histórico

22 de marzo de 2019 12:00 AM

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Pensar a Cartagena de Indias sin su Centro Histórico resulta inescindible. Todos reconocemos el valor patrimonial que representa su conjunto de bienes materiales, con murallas, catedrales, casas coloniales y callecitas sinuosas; e inmateriales, con las historias que se cuentan de damas, amores y demonios, así como la gente que vibra en sus esquinas de agua de coco y anís.

Todo ese conjunto de personas y cosas, que suscitan admiración no solo entre los visitantes sino también en los propios cartageneros que no renuncian a la fascinación del Corralito de Piedras, hay que cuidarlo como a una “bambina”. Cualquier esfuerzo que se haga es poco para que el Centro conserve su celebrada magia.

Por eso resulta trascendental que la ciudad tenga claridad sobre qué Centro Histórico queremos; qué vamos a privilegiar: si uno para el turismo cultural y de descanso, o el residencial. O si estos usos a su vez son conciliables con la educación y la rumba; y, de esta, qué clase de rumbas. ¿Pueden funcionar lugares de lenocinio?

Esta es una discusión que no se ha dado, o que no se ha dado completamente, a pesar que la sostenibilidad del patrimonio cultural depende del “modelo” de Centro Histórico que la ciudad elija.

Hoy en la mañana se llevará a cabo el foro “Centro Histórico, un patrimonio de todos: ciudadanía e instituciones para su protección y gestión”, y entre los temas que deberán abordarse está el incumplimiento de la vocación del uso que está plasmado en el POT vigente y que fue diseñado de acuerdo con las directrices de la Unesco, en su momento.

A ese desconcierto ha contribuido la ausencia de normas claras respecto de la protección del patrimonio arquitectónico, tales como el PEMP, que ya lleva 12 años construyéndose. O el POT, que no ha podido culminarse, documento en el cual tendrá que dársele preminencia al Centro Histórico, con la debida concordancia con lo que se regule en el PEMP.

En la discusión tendrá relevancia la respuesta a la pregunta sobre cuántas discotecas y comercio más se permitirán, y reglas claras de funcionamiento de estas y de otros negocios como tiendas, restaurantes y el uso de espacios públicos, que no pueden satanizarse pero que tienen unas modalidades universalmente aceptadas para centros históricos, de los cuales son ejemplo las plazas y parques europeos.

Especial atención deberá recibir la discusión sobre la proliferación de la prostitución, que se ha expandido a ciertos sectores del Centro Histórico, o al ruido excesivo e ininterrumpido de establecimientos, taxis, conjuntos musicales, o el crecimiento de la informalidad; en fin, personas y grupos sin el debido control, que se hacen daño a largo plazo si el turismo que se desea finalmente opta por buscar la calidad que también ofrecen otros destinos con los que la ciudad compite directamente.

Esperamos que el Foro de hoy genere escenarios de discusión que propicien la articulación interinstitucional entre las autoridades distritales y nacionales, pero también discutir acerca del papel que puede jugar la sociedad civil en la protección del Centro Histórico.

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