Editorial


El Dique y la verdad

“No está bien que se venda la idea de que es territorio virgen de iniciativas poderosas por la verdad y la reconciliación, y que no se ha hecho nada (...)”.

Impresionan las historias –y los datos– que se contaron tras el itinerario por La Ruta del Cimarronaje que finalizó el martes en el corregimiento de Pasacaballos, con un recorrido por el canal del Dique que duró dos días.

Organizado por la Comisión de la Verdad, víctimas, comisionados, exparamilitares y representantes de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), revivieron episodios de tristeza y desolación. Las órdenes dadas por diversos actores que aún no han sido involucrados en los respectivos procesos implicaban “limpieza social” para infligir terror en la población, y hasta la prohibición de los rituales religiosos o castigos por la orientación sexual diferente, entre otras inhumanas aberraciones.

Para tantos que no conocen o recuerdan tantas historias de horror, la Comisión de la Verdad puso en evidencia que el canal del Dique sirvió al paramilitarismo como espacio para perpetrar actos atroces.

Sin embargo, la Comisión de la Verdad debe tener cuidado con no desconocer aproximaciones tan o más importantes que se han hecho en el pasado en esos territorios, para lograr la reconciliación y el perdón.

Antes de los acuerdos de La Habana, del sistema de justicia alternativa, los Programas de Desarrollo y Paz hicieron trabajos encomiables. Para citar solo tres ejemplos, la peregrinación de la Virgen de Chiquinquirá por todo el Río Grande de la Magdalena, enclave de reconciliación; o en el canal del Dique, para la implementación de la estrategia del ‘Libro de la vida’, que recoge toda la memoria de las víctimas del territorio y de los diferentes puntos donde esta fue profanada; o la ‘Urna de la reconciliación’, que recogía las propuestas de la gente sobre lo que habría de ser la reconciliación desde las múltiples voces de un territorio.

La Comisión también debe tener el cuidado de no ignorar la admirable labor de tantos líderes sacrificados en razón de su fe en los Montes de María, tales como sacerdotes y catequistas martirizados cruentamente por la guerrilla.

No está bien que se venda la idea de que es territorio virgen de iniciativas poderosas por la verdad y la reconciliación, y que no se ha hecho nada antes de la llegada de la Comisión.

Recomendamos que, además, se profundice en el despojo de miles de hectáreas de tierras; ¿qué papel pudieron jugar notarios y empresas en esos movimientos espurios? Igualmente, asumir los análisis sobre la necesidad de avanzar en garantías para la No Repetición, ante el ciclo de violencia en reproducción.

Adoptar metodologías que impidan arribar a una Verdad Relativizada, que permita saber entre otros interrogantes, qué pasó, por qué pasó y quiénes fungieron como determinadores de las 57 masacres acaecidas en Montes de María, se impone.

Y manejar un discurso desideologizado, que dé garantías de imparcialidad y más conocimiento de los temas y del territorio por parte de los comisionados.

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