El Ecobloque

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El Ecobloque tiene su sede, incluyendo un CAI ambiental, en las recién restauradas edificaciones del EPA en La Bocana estabilizada de mareas, un sitio apropiado por su efecto sobre el medio ambiente, tanto palpable como simbólico.

La Bocana costó 24.300 millones de pesos, 45 por ciento de ellos donados por Holanda (USD 11 millones), y el saldo invertido por Colombia. Las 6 compuertas de entrada del mar a La Bocana las abre la marea al subir, y seis horas después, al bajar, cierra las de entrada y abre las cuatro de salida, mientras un tablestacado de 4,5 km de largo ha llevado el agua de mar limpia hasta el fondo de la ciénaga. Ayuda así a regenerar este sistema lagunar antes putrefacto, al recibir esta cantidad de agua limpia del mar en cada ciclo de marea (dos al día). Se estima que La Bocana recambia el 10% del agua de la ciénaga de La Virgen cada 24 horas.

Como casi todas nuestras obras, nunca se prevé mantenerlas y La Bocana no es la excepción, pues su tablestacado está casi todo podrido y los planes de arreglarlo se quedaron en eso: planes, probablemente sin planos, y sobre todo, sin plata.

El mayor tributo a la ciénaga de la Virgen, para cuya protección principalmente nació el Ecobloque, sería que el Estado reconstruyera este maravilloso sistema operado por la naturaleza, que garantizaría un agua apta incluso para deportes náuticos, y para recuperar buena parte de la flora y fauna del lugar.

La ciudadanía espera mucho del Ecobloque, sobre todo, que no se convierta en un ente inoperante y burocrático más. En el área de la ciénaga casi todo el mundo sabe quiénes tienen el negocio malévolo de talar el manglar, de rellenarlo con las mismas volquetas de siempre, y de vender los lotes, algunos encargados de antemano.

Aunque es una noticia excelente que hayan sido restauradas las instalaciones académicas y administrativas de La Bocana, ni la pintura ni la restauración sanearán de por sí solas la ciénaga, ni alcanzará la buena voluntad de los integrantes del grupo, que la tiene, sino la acción decidida de las autoridades competentes para capturar y procesar muy pronto a los responsables de la depredación.

La ciénaga de la Virgen debería ser un paraíso de la naturaleza, con una fauna numerosa y variada, incluyendo a los patos y águilas pescadoras que emigran del norte durante las temporadas de invierno y frío, entrando a Colombia por los cuerpos de agua aledaños a sus costas, en donde se recuperan un poco de la travesía antes de seguir hacia muchos lugares del interior del país.

El verdadero negocio de la ciénaga es mantenerla ambientalmente vigorosa para “vender” sus aves y demás criaturas a las cámaras de los visitantes en tours organizados y llevados a cabo por habitantes de los pueblos de la ciénaga. La Virgen en buen estado natural es una fuente inagotable de dinero del ecoturismo, mientras que por el camino que va, será otro moridero como el caño Juan Angola, antes un tesoro natural. Los cartageneros tenemos muchas esperanzas que el Ecobloque logre recuperar todo lo anterior.

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