Editorial


El Esequibo

“No es de extrañar que la situación de crisis bélica que se está fabricando en Guyana conlleve la suspensión de las elecciones programadas para 2024, en caso de que el régimen perciba que no...”.

EL UNIVERSAL

09 de diciembre de 2023 12:00 AM

Lo último que nos podría ocurrir es que se iniciara otra conflagración entre vecinos, pero esta vez aquí, en nuestro barrio. Solo nos tranquiliza que parece impensable que los chavistas lancen una real ofensiva contra Guyana, lo que supondría que otro amigo del Gobierno colombiano se sumaría a Rusia y Hamás en el inicio de campañas bélicas sin cuartel.

Venezuela reclama una porción enorme de Guyana (Esequibo) desde finales del siglo XIX, pretensión en que tal vez tenga razón; pero es algo que tendría que resolverse en la Corte Internacional de Justicia, jurisdicción internacional ante la que se adelanta la disputa territorial sobre Esequibo, y no como un ejercicio arbitrario de las propias razones.

Sin embargo, no debe sorprender esta movida del chavismo: cuando una dictadura se siente amenazada a nivel interno, esto es, cuando percibe que las grietas en los apoyos de las bases y entre los militares se profundizan, cohesionar a la nación alrededor de una causa bélica en defensa de la soberanía territorial contra un país extranjero es una causa posible. Ha sucedido múltiples veces en la historia e, incluso, aquí mismo en América (ejemplo: Las Malvinas).

Esequibo tiene el atractivo, además, de ser región plétora en recursos naturales, forestales y agrícolas. Para el círculo de Maduro sería anexar una extensión de riqueza a la cual explotar para sostener el régimen; pero para Guyana supondría perder las dos terceras partes de su territorio, con lo cual la pretensión de su contraparte, según expresión del gobierno guyanés, es una amenaza existencial para su país.

El referéndum consultivo que se votó afirmativamente el pasado domingo facultó a Maduro para anexar a Venezuela los 160.000 kilómetros cuadrados que comprenden la Guyana Esequiba; pero, más allá de la promoción del sentimiento nacionalista, el régimen se posiciona estratégicamente frente a todo lo que representa la candidatura de María Corina Machado y sus principales apoyos, a quienes tratarán de llevar hacia una posición que riña con “los intereses patrióticos”. Acusar de traidora a la única persona a la que Maduro teme es apenas una deducción lógica.

Por lo mismo, como el referendo dio amplios poderes al gobierno, no es de extrañar que la situación de crisis bélica que se está fabricando con Guyana conlleve la suspensión de las elecciones programadas para 2024, en caso de que el régimen perciba que no podrá controlar los comicios.

Pero no debería caerse en esa trampa: la Venezuela de Maduro no tiene capacidad militar para enfrentar una coalición internacional como la que se formaría para defender a Guyana de una eventual agresión. Por esto, conviene que el presidente Petro no solo haga un llamando a la paz y a resolver amistosamente el diferendo; también debería dejar claro qué postura asumirá si se iniciara una contienda armada entre estos vecinos.

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