Editorial


El fondo y la forma

“Por lo que está en juego, es posible que el empleo de esos pedestres ingredientes, que son inaceptables bajo la tradición y legalidad republicanas, causen el efecto...”.

EL UNIVERSAL

21 de enero de 2022 12:00 AM

El miércoles en la noche alcalde William Dau volvió a cuestionar enérgicamente a los organismos de control locales y nacionales por la ausencia de resultados frente a las denuncias que su administración ha formulado contra distintos ciudadanos que han ocupado cargos en las administraciones local y regional.

Esta vez la arremetida se centró, principalmente, por la conexión que en opinión del alcalde existe entre el actual contralor distrital, una funcionaria que labora en el Concejo Distrital y la concejal Gloria Estrada, lo cual tendría relación con investigaciones en curso contra la directora del Dadis, la gerente de Transcaribe y el director del Fondo de Pensiones, cuyo objetivo sería debilitar su administración y facilitar la retoma del poder por parte de “los malandrines” en próximas elecciones.

Pero esta vez en la retahíla del alcalde, en la que ya no sorprende verlo descompuesto y empleando palabras soeces, se notó un palpable sentimiento de frustración y desespero por su inocultable falta de confianza en los órganos de control, lo cual podría explicar por qué optó por volver a rozar los extremos de su propia suspensión, en procura de lograr atajar la suspensión de sus funcionarios por parte del contralor distrital, en momentos en que este recién ha afirmado que la política de la ciudad está en manos de criminales.

La contundencia del mensaje, y el haberlo acompañado de ofensas contra autoridades nacionales que constituyen claras conductas disciplinables y, lo más insensato, esto es, el haber advertido de la apelación a vías de hecho, amenaza que no es admisible en la primera autoridad civil y de policía del Distrito, tiñeron lo que pudo ser un mensaje solícito para los cartageneros que comparten el afán de transformación ética de la ciudad, pero que con razón se ofenden con las formas grotescas conque el alcalde desaliña los mensajes que construye, incluso para momentos tan críticos.

Sin embargo, por lo que está en juego, es posible que el empleo de esos pedestres ingredientes, que son inaceptables bajo la tradición y legalidad republicanas, causen el efecto probablemente buscado, en cuanto a que el contralor distrital obre con mucha cautela en torno de las decisiones que estaría presto a tomar contra altos miembros de su gabinete.

Como con el fondo del mensaje buena parte de los cartageneros, y no solo sus electores, estarán de acuerdo, conviene que los órganos de control miren a la ciudad y no cometan el error de pronunciarse en desorden, poniendo en primer lugar los expedientes contra el alcalde, pues lo sensato sería, por la gravedad de las afirmaciones que hizo, que se resolvieran en orden cronológico; es decir, primero las investigaciones de hechos acaecidos antes de los que se le endilgan a este.

Por supuesto, en cuanto a la forma del mensaje, es irrebatiblemente censurable. Pero eso amerita otro editorial.

TEMAS

  NOTICIAS RECOMENDADAS