Editorial


El gran Caraballo

“Ver partir a Bernardo Caraballo nos compele a volvernos a preguntar qué se necesita para que la ciudad reavive el interés por los deportes...”.

EL UNIVERSAL

22 de enero de 2022 12:00 AM

Con la partida de Bernardo Caraballo se fue buena parte de lo mejor de la historia del deporte cartagenero y, singularmente, el que más glorias, junto con el béisbol, le ha dado a la ciudad: el boxeo.

Partió a los 80 años debido a una insuficiencia respiratoria secundaria, producto del COVID-19; y aunque Caraballo no nos dio el campeonato mundial que soñó, de las 108 peleas que hizo en categoría mosca, 118 gallo y 126 pluma, ganó 84, empató 6 y perdió 18, y se convirtió en el primero de los reyes deportivos de su ciudad nativa.

Es inolvidable para sus coterráneos, principalmente por cuatro cosas: una, porque​ fue el primer boxeador colombiano en aparecer en el ranking mundial; segundo, porque fue el primero en disputar un título mundial; tercero, porque fue campeón en tres divisiones, lo que le llevó a ser el primer ídolo del boxeo nacional; cuarto, porque fue él uno de los dos púgiles que por primera vez en Colombia, protagonizó una pelea por un título mundial de boxeo.

Sin embargo, por lo que más será recordado en nuestro medio es por su don de gentes, su increíble capacidad de dar cariño, su natural elegancia y espléndida sonrisa. Pero la historia de Bernardo Caraballo es aún más refulgente en la medida en que resume todo lo que conlleva a que uno de los nuestros no logre alcanzar el éxito. Nacido de una mujer blanca y un nativo de Bocachica el 1 de enero de 1942, sobrevivió a la cerrada Cartagena como embolador y pronto descubrió que, los de su estirpe, solo podían acariciar el éxito a través del ‘deporte de las narices chatas’. Para lograr ese propósito le correspondió pelear en quince países, incluidos tres del Lejano Oriente, lo que le dio recursos modestos para sacar adelante a varios de sus parientes y amigos, pero no lo suficiente como para sostenerse sin que pocos años después de su retiro pasara a integrar la nómina del Terminal Marítimo, en donde estuvo por 19 años hasta que el presidente César Gaviria ordenó su pensión.

La ciudad celebró con sobrada conformidad la designación del existente Coliseo Menor de Coldeportes, edificado en el Paseo de Bolívar, como Coliseo ´’Bernardo Caraballo’ con ocasión de la celebración de los Juegos Centroamericanos y del Caribe en 2006, precisamente el escenario donde atinadamente se escogió para ofrecerle el último adiós a uno de los grandes símbolos del esfuerzo, la disciplina y la nobleza de la bella Cartagena.

Le sobreviven doña Zunilda Contreras, sus hijos y nietos de sus desvelos.

Ver partir a Bernardo Caraballo nos compele a volvernos a preguntar qué se necesita para que la ciudad reavive el interés por los deportes que, como el boxeo y el béisbol, han definido su idiosincrasia.

El corazón del inolvidable Caraballo dejó de latir a las 12:30 de la madrugada de este jueves; pero su recuerdo, como el primero de los grandes, permanecerá en la memoria de los cartageneros, para quienes siempre será el primero de sus reyes sin corona.

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