Editorial


El muelle

“Los tierrabomberos, sentados en una mina de oro, viven en la pobreza más desconcertante; y a pesar del crecimiento del turismo y de nuevos negocios que...”.

EL UNIVERSAL

22 de junio de 2022 12:00 AM

La ausencia del muelle para partir o arribar al corregimiento de Tierrabomba es el símbolo del abandono en que se encuentra sumido este poblado, que podría ser el más rico del Caribe colombiano.

Difícilmente existe una mejor vista de Cartagena de Indias que la apreciable desde cualquier de los puntos que conforman el corregimiento, singularmente desde las partes más altas, en donde seguramente, si tuviéramos la visión de pueblos más avanzados, estarían afincadas las casas y edificaciones más deseadas de este rincón del gran Caribe.

Los tierrabomberos, sentados en una mina de oro, viven en la pobreza más desconcertante; y a pesar del crecimiento del turismo y de nuevos negocios que comienzan a desplazar las viejas casas derruidas, siguen los raizales viviendo con las carencias más absurdas, como si nunca los alcanzara el desarrollo ni los programas de gobierno.

En una de nuestras notas de hoy, contamos la proeza que supone llegar o salir del corregimiento por la falta de un muelle o embarcadero, lo que impele a los nativos, a sus nuevos residentes y a los visitantes, a realizar verdaderas acrobacias para subir o bajar de las lanchas que normalmente salen de El Laguito y retornan al corregimiento varias veces al día.

Esa carencia implica la sucesión de accidentes o que, a determinados pasajeros, normalmente mujeres, adultos mayores, personas con restricciones de movilidad y niños, haya que cargarlos, lo que incrementa los riesgos asociados a toda faena de abordaje y trasbordo de personas en embarcaciones marinas. Y es más crítico el asunto en casos de emergencias, pues se vuelve una hazaña lograr una rápida traslación a urgencias del Hospital o a otros centros de salud.

Pero no es solo la ausencia del muelle, que dignificaría la vida de sus habitantes y reduciría los riesgos de los pasajeros de las embarcaciones que, cada vez más, circundan las aguas que van desde la isla hacia El Laguito y Castillogrande, con todos los problemas de convivencia, salubridad y movilidad que esto ha causado desde que se aceptó la formación del embarcadero en la playa que está detrás del Hospital Bocagrande.

Lo de la carencia del muelle es apenas sintomático de otros problemas, no menos significativos, como la falta de agua potable, que encarece la adquisición del insustituible líquido a quienes precisamente tienen menos recursos para sustentar sus vidas; o la deficiente calidad de la educación que se imparte, precisamente porque, estando apenas a escasos diez minutos de tierra continental, arribar a la isla parece un paseo ecoturístico, por las vicisitudes que tienen que pasar docentes y directivos escolares.

A pesar de que la Isla de Tierrabomba no parece existir en la mente de los cartageneros, los tierrabomberos están allí. Hay que romper el perpetuo abandono en que se encuentran y hacerlos sentir, con soluciones concretas, que son parte de Cartagena.

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