El otro “fenómeno”: el de la bahía

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Ya es motivo de admiración general y de columnas periodísticas el estado de transparencia de la bahía de Cartagena desde que el canal del Dique tiene un caudal muy disminuido debido a El Niño, el fiasco meteorológico que causa una sequía pavorosa en buena parte del país, incluyendo la región Caribe, y por supuesto, en Cartagena y sus alrededores.

La gente mayor se acuerda de cuando la bahía era así, y hasta mejor, porque sus arenas siempre han sido blancas como las de las islas del Rosario y como las de la parte noroeste de la isla de Barú, incluyendo a Playa Blanca, pero llevamos muchos años sin poderlas apreciar dado el baño de sedimentos del Dique, que comenzó en 1934, cuando dejó de salir por la bahía de Barbacoas y comenzó a hacerlo por la bahía de Cartagena gracias al Corte de Paricuica, un canal hecho en tierra firme por la draga de la Frederick Snare Company, que había dragado el terminal de Colpuertos en Manga y estaba ociosa mientras se la llevaban de vuelta a los Estados Unidos.

Y si con haberle conectado el Dique a la bahía en 1934 comenzó la sedimentación del hasta entonces impoluto cuerpo de agua, la estocada final la dieron los trabajos de profundización y rectificación de 1982 a manos de la Lane Dredging Company durante el gobierno de Alfonso López Michelsen, con lo que el Dique terminó con apenas 50 curvas, cuando había tenido 350. Su falta de curvas y profundización permitieron que se multiplicaran la velocidad del agua entrando a la bahía y los aportes de sedimentos del río Magdalena.

Estos trabajos de la Lane nunca le fueron consultados a Cartagena, que antes manejaba este brazo artificial del Magdalena a través de la Junta de Mejoras del Canal del Dique, órgano de la Cámara de Comercio (que ahí mismo desapareció), y su manejo pasó tras bambalinas a manos indiferentes a los intereses de la ciudad, aunque no a los suyos propios, resultando en la debacle de lodos destructores dentro de toda la bahía, de la expansión del delta del Dique entre Pasacaballos y Tierrabomba, además de los daños a los arrecifes coralinos de la bahía y de las islas del Rosario.

Menos mal que la nación ya tomó conciencia del  mal hecho al país y a su puerto principal por los sedimentos del canal del Dique, y se construirán esclusas en Calamar y aguas abajo también, incluyendo estructuras para dejar pasar agua a las ciénagas aledañas.

La bahía de Cartagena debería verse siempre como ahora, y algo habrá contribuido también a esta nueva apariencia que 35% de las aguas servidas de la ciudad ya no salen a Cuatro Calles por Punta Recluta ni por los múltiples aliviaderos del alcantarillado alrededor de la bahía, sino todas por el emisario de Punta Canoa.
Ya es hora que el Gobierno inicie las obras en el Dique que le devolverán a la bahía muchas de sus cualidades originales y la tranquilidad a sus habitantes.

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