El papel de la dirigencia cívica

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El pasado julio se celebraron los 30 años de las primeras elecciones de ediles que conforman las Juntas Administradoras Locales (JAL) en Colombia.

Cartagena fue pionera en el proceso. Su territorio se dividió en 33 comunas y 15 corregimientos. Hubo en la ciudad mucho entusiasmo por su conformación, el mismo que acompañó a pioneros en la dirigencia cívica que se interesaron no solo por el trabajo comunitario sino por el desarrollo de sus comunidades.

Con el tiempo apareció en el panorama la Constitución Política de Colombia (1991), la que otorgó a las JAL el papel de corporación pública, dándoles funciones específicas a los ediles.

Las JAL son distintas a las Juntas de Acción Comunal (JAC) integradas estas por miembros de la comunidad de manera voluntaria. Pero ambos sectores conforman la dirigencia cívica.

Llegó después la división de la ciudad en localidades, cada una regida por un alcalde o alcaldesa local, la asignación de honorarios a los ediles, entre otros cambios, y eso, si bien pudo ser una ventaja, lo que generó fue el comienzo, según algunos sectores, de la debacle de  las organizaciones cívicas de Cartagena, que se convirtieron en unas JAL politizadas, en feudos electorales, donde la rebatiña por los votos todo lo permea.

Las elecciones de los integrantes de las JAL no tienen nada que ‘envidiarle’ a cualquier otra elección de servidores públicos, con todo lo que eso implica. Son los ediles los que eligen las ternas de la cual el alcalde mayor nombra al alcalde o alcaldesa local. Acaba de ocurrir la elección del alcalde de la Localidad 1 Histórica y del Caribe Norte, la cual tuvo mucho ruido por querellas presentadas por aspirantes.

La percepción ciudadana es que el trabajo cívico y comunitario fue sobrepasado por la rebatiña de burocracia y que en las comunidades ahora casi ni conocen a los miembros de las JAC y menos a los ediles de sus respectivas localidades, a muchos de los cuales solo los ven en los afiches durante el proceso electoral. El cara a cara con la comunidad parece que se extinguió de sus agendas, dicen algunos críticos.

Y con relación a los alcaldes locales, a la ciudadanía le parece que se acomodan demasiado rápido a sus oficinas. No es aceptable que muchos ciudadanos no conozcan en qué localidad está su sector y que no sepan que exista un puente entre ellos y el Palacio de la Aduana, llamado alcaldía local. Prueba de ello es que ante cualquier problema barrial, acuden al despacho del alcalde mayor, que no siempre tiene tiempo para atender sus solicitudes.

Bien podría la dirigencia cívica coadyuvar a sacar adelante a la ciudad con un trabajo serio, de compromiso social y trabajo comunitario. Cartagena necesita ese timón y su dirigencia cívica debe rescatar su vocación y no ser parte de los múltiples problemas que hoy la aquejan.


 

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