Editorial


El paro de taxis

“Nunca más debería organizarse una protesta que desconsidere de manera tan afrentosa los derechos de lo demás cartageneros y visitantes, que son (...)”

EL UNIVERSAL

04 de mayo de 2021 12:00 AM

Los taxistas de la ciudad protestaron ayer por el proyecto de ley que busca crear y regular la categoría de servicio de movilidad colaborativa en vehículo particular, intermediado por plataformas tecnológicas, que ya fue retirada, así como contra la falta de autoridad en Cartagena, que ha propiciado el avance de esas plataformas y el transporte ilegal.

Las dos razones que motivaron el paro son razonables; los taxistas tienen derecho, como gremio que representa no sólo a los conductores, sino también a los propietarios de estos vehículos de transporte público, a defender sus intereses de aquellas decisiones que les supongan afectaciones directas.

Sin embargo, no pueden negar, ni los organizadores del paro ni los taxistas que se sumaron, que se pasaron de la raya en la ejecución de la protesta, pues el daño que ocasionaron a buena parte de la ciudadanía, a las instituciones, a las empresas y a las familias, es injustificable.

Aunque no es necesario mencionar todos los eventos infortunados que desataron ayer, caben mencionar, por su evidencia, los perjuicios a la salud de los pacientes que se trasladaban en ambulancias; los viajeros que no llegaron a tiempo a los puertos; los traumas a los trabajadores e independientes que no pudieron salir a sus labores; el caos vehicular con la consecuente afectación a la calidad y ritmo de vida de tantas personas que no cumplieron con sus misiones o compromisos; en fin.

Mención especial merecen los efectos dañosos en el ritmo de vacunación de las dosis que llegaron a la ciudad este sábado para el inicio de la inoculación a la población de entre 60 y 64 años, pero que no pudieron ser distribuidas para su aplicación.

Nunca más debería organizarse una protesta que desconsidere de manera tan afrentosa los derechos de los demás cartageneros y los visitantes, que son precisamente quienes contratan los servicios que los taxistas ofrecen. En tal sentido, así las protestas no son sólo contra quienes nos gobiernan, sino contra los ciudadanos comunes y corrientes.

Esto no hace sino agravar la percepción de todos aquellos que claman por un mejor servicio de transporte de taxi, y que por eso optan por tomar las alternativas de movilidad en carros particulares.

Perfectamente podían haber hecho el paro, pero garantizando que al menos uno de los carriles disponibles quedaba libre para la circulación de los vehículos que no se sumaron a la protesta.

Además, les falta ver la viga en el ojo propio. Muchos tienen que mejorar en la limpieza, olores y cuidado de sus taxis, o en controlar el alto volumen de la música, o en no negar el cumplir con carreras hacia barrios donde sí van los servicios de particulares, o el abuso en las tarifas o la violación de las normas de tránsito especialmente de los ‘zapaticos’.

A no dudarlo, a la par que reclaman sus justos derechos, también les corresponde reinventarse para brindar un mejor servicio.

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