El paro del 21

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El próximo 21 no sólo el Gobierno, también el establecimiento, serán puestos a prueba, pues las razones que en un inicio sirvieron de fundamento para el paro, tal como lo han reconocido las centrales obreras a nivel nacional, han sido aclaradas antes de la llegada de este jueves expectante.

En efecto, el paro fue convocado en octubre por el Comando Nacional Unitario conformado por varias centrales, con la suma pronta de otras organizaciones sociales, por temas como las reformas laboral y pensional, las privatizaciones y el cumplimiento de los acuerdos del Gobierno con Fecode, entre otros.

Con el paso de los días, líderes de derecha e izquierda con posiciones que han profundizado la polarización, vendieron la idea, por una parte, que el paro sólo era motivado por los estrategas del Foro de São Paulo, y por la otra, para cercar a un gobierno que no aceptan desde el mismo momento en que venció en las urnas.

El presidente Duque finalmente no prestó oídos ni a unos ni a otros y procedió a aclarar la posición del Gobierno frente a esos temas, lo que hizo dentro del marco de las reuniones de la Comisión de Concertación de Políticas Salariales y Labores, en la que se encuentran altos representantes de las centrales obreras y de los gremios de la producción, con quienes entabló un diálogo tras el cual el Gobierno garantizó que no hay ni promoverá proyectos como los denunciados, con lo cual los motivos iniciales del paro ya no explican por qué tantas instituciones y personas que carecen de relaciones con ideologías, partidos o movimientos políticos, han anunciado que, en todo caso, marcharán este jueves.

En consecuencia, veremos, en un solo paro, varias expresiones. La menos importante, pero que seguro se esforzará en hacer más ruido, será la que agrupe las posiciones extremas, para las cuales se anuncia una respuesta proporcional y legítima del Estado.

Frente a las demás expresiones, que serán las verdaderamente importantes, tendrán que agudizar sus percepciones principalmente los partidos políticos, pero también la dirigencia de los distintos sectores que conforman el sistema, incluidos medios de comunicación, empresarios, academia, iglesias, sindicatos y demás instituciones públicas, privadas y comunitarias, pues todos debemos escuchar las inconformidades que afloran en un ambiente que se caldea, a nivel universal, porque lo que hay, tanto en regímenes de izquierda, centro y derecha, no colma las necesidades, anhelos y sueños de generaciones hiperconectadas, que reciben abrumadores mensajes de envidiable pero engañosa prosperidad, que no se parecen a lo que viven en su intimidad familias angustiadas por un futuro que les parece incierto y que, además, son presa de la oprobiosa manipulación de las redes.

Mientras el establecimiento se pone de acuerdo en cómo entender, ofrecer y dar soluciones concretas a las heterogéneas reclamaciones sociales, al Gobierno le compete probar que respeta el derecho a la movilización pacífica. Y a los organizadores del paro, rechazar con énfasis la violencia como mecanismo de protesta.

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