El peso de los coches

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El Decreto 0656 del 3 de junio de 2014 reglamentó el uso de los coches turísticos en Cartagena y entre las reglas se establece un peso máximo para este vehículo de 525 kilos. Los 60 coches que operan en Cartagena serán pesados en estos días, aunque no se prevén buenos resultados del pesaje para los cocheros, ya que todos los 9 pesados antier se pasaron de ese mínimo.

Hay que recordar que los coches tienen 4 ruedas y por lo tanto los caballos no tienen que cargar ese peso, sino jalarlo. Si el coche fuera de dos ruedas, como los mal llamados “carroemulas”, entonces sí tendrían que cargar buena parte del peso del vehículo sobre el lomo, aunque las dos ruedas también harían buena parte de ese trabajo. Estas carretas casi siempre las jala un burro o un caballo, dada la escasez y carestía relativa de las mulas, pero estas últimas le dieron el nombre.

Usar los coches tiene varios problemas difíciles de solucionar: la mala alimentación de los caballos tendría que ser la primera, que puede resultar en un maltrato considerable a un animal cuando además, tiene que llegar andando a la zona de trabajo y luego regresarse después, a cualquier hora de la noche y habiendo recibido un trato precario durante el día.

En segundo lugar están las pesebreras en las que usualmente duermen estos animales, que suelen ser más parecidas a un calabozo de castigo por lo pequeñas y por tener un piso desprovisto de “cama”, que debería ser de aserrín, de cascarilla de arroz o hasta de pasto. Lo importante es que cualquier material usado baste para aislar al caballo del suelo pelado, sobre el cual jamás se echaría si tuviera otra opción. Un caballo que duerme mal y come mal no puede rendir, tal como le pasa a la gente.

Luego estarían las herraduras que usan estos pobres animales, diseñadas para caminos rurales blandos y no para la dureza del cemento, y sobre todo para lo resbaloso que es. Así que cuando el coche viene a cierta velocidad y con cierto momentum, es muy difícil para el caballo frenar, o tomar curvas, dado el peso del vehículo y de sus pasajeros, y por eso estos animales se caen tan frecuentemente en las calles del Centro. 

Controlar el peso de los coches es entonces esencial porque la alternativa para no hacerlo sería tener una raza de caballos de tiro especializada que sí podría manejar estos vehículos con holgura, pero que además de costosos y no comunes en este medio, comerían mucho más que los caballos criollos usados hoy. Y si estos últimos no siempre están bien alimentados, no se podría esperar que a los caballos especializados de gran tamaño y apetito les dieran la comida necesaria.

La mayoría de los coches no son de quienes los operan, sino que son alquilados en esquemas parecidos a los de algunos vehículos públicos y sus operadores deben entregarles diariamente a los dueños sumas fijas, y solo después de reunidas puede pensar el cochero en la plata suya. En este esquema el caballo siempre está expuesto a ser exprimido.

Así  los coches con caballos tendrán que desaparecer y el Distrito podría idearse un sistema similar al que usa para sacar de las calles a los “carroemulas”, pero entregándoles a los cocheros unos carros eléctricos. 

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