Editorial


El Portal de los Dulces

“El Portal es un patrimonio que tendríamos que cuidar y embellecer día a día para que las familias vuelvan a pasear con sus hijos en busca de los apetitosos manjares (...)”.

EL UNIVERSAL

21 de mayo de 2022 12:00 AM

La semana que concluye publicamos notas sobre el estado deplorable en que se encuentra el Portal de los Dulces. Difícilmente hay un pórtico más emblemático, que signifique tanto para la preservación y disfrute del dulce típico de este terruño, que ese afamado espacio donde todo buen cartagenero se ha detenido a disfrutar de melcochas, cocadas, enyucados, barritas de ajonjolí, caballitos de papaya, casabes rellenos, bolitas de tamarindo, panderos, diabolines, y tantas otras exquisiteces.

Pero tal parece que todo conspira para que se pierda el lustre de sus módulos cargados de sabores de la infancia inolvidable.

Hoy, pasear por el Portal de los Dulces da grima. El espacio de los módulos dispuestos para ofrecer las mercancías se ha ‘perrateado’ con el paso frecuente de borrachos y transeúntes protervos al uso de palabras soeces, que perturban lo que antes eran deliciosos momentos; inclusive, esos perturbadores personajes se atreven a abordar a viejos y nuevos clientes cuando las famosas vendedoras están despachando los dulces representativos de las afamadas recetas forjadas en el Corralito de Piedras.

Ya no es posible ocultar que las “niñas de la noche”, como las llaman las vendedoras de dulces, tienen el portal como sitio propicio para concertar los encuentros privados con sus clientes.

Y no se queda atrás la afectación que les está propinando el edificio Torre del Reloj, que va para tres años con un incómodo cerramiento que acumula contaminación y olores pútridos atractivos para ratas, cucarachas y otras alimañas, que se pasean orondas ante la mirada repulsiva de los visitantes. Ese cerramiento, además, es propicio para su conversión en bodega de cuanto cachivache se usa para la venta de mercaderías nocturnas en la Plaza de los Coches, y escondite para vendedores y amigos de lo ajeno, que ya hasta hurtan los insumos y dulces guardados en los módulos pesarosos.

Las ventas de cerveza en la esquina del Portal utilizan estos módulos como orinales y sillas para reposar en las noches que ya son consuetudinariamente frenéticas.

El Portal es un patrimonio que tendríamos que cuidar y embellecer día a día para que las familias vuelvan a pasear con sus hijos en busca de los apetitosos manjares cartageneros.

Aunque las problemáticas del Portal se han denunciado en la División de Patrimonio del IPCC y en el Ministerio de Cultura, no hay resultados tangibles. Por ejemplo, las afamadas ventas en dicho Portal en 2021 cumplieron 100 años que pasaron sin pena y ni gloria.

Es hora que los funcionarios a quienes compete lo relativo a la preservación y cuidado del Portal de los Dulces asuman su responsabilidad, con el fin de reivindicar a este sitio tan representativo de quienes somos y de lo que disfrutamos, y que no solo afecta a las dulceras en su modus vivendi; también a la imagen de nuestra amada Cartagena en sus espacios más significativos.

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