El potencial marítimo

30 de mayo de 2020 12:00 AM

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En la edición del jueves publicamos un especial sobre el potencial de la industria marítima cartagenera, gracias a los astilleros, puertos, marinas, armadores y toda esa fuerza que generan tantas entidades y personas que ven en el mar y el río que nos colman, aliados imprescindibles del desarrollo sostenible de la región y el país.

Aun cuando, como ya lo hemos sostenido desde esta tribuna, los cartageneros mayoritariamente hemos vivido de espaldas al mar, por fortuna, hay un nutrido grupo de aguerridos emprendedores que no han tomado ese incongruente camino, pues han tenido la clarísima visión de que las aguas que nos circundan son un don que la naturaleza nos ofrece con bondad, que las mayorías nos negamos a reconocer como el más apreciable de todos.

Ese grupo de emprendedores y trabajadores, en conjunción con las empresas comerciales, públicas y privadas, y las entidades sin ánimo de lucro que conforman el sector marítimo colombiano, con una presencia significativa en Cartagena, suponen para el país apreciable aporte en riqueza, tributos y empleos.

A pesar de ese aporte al producto interno nacional, con razón los hombres y mujeres de mar se quejan de la poca atención que históricamente les han brindado la sucesión de gobiernos centrales y locales, con lo cual les han restado la posibilidad de haber sido mucho más productivos si se hubiesen dictado las políticas y normas que por años el gremio ha propuesto, lo que en la práctica ha representado el entorpecimiento en trámites y costos que le disminuyen competitividad al país frente a otros destinos marítimos del Caribe.

La industria astillera, por ejemplo, se ha sostenido con altibajos a lo largo de su historia, y no por la falta de empuje e inversiones de sus promotores. De hecho, las principales amenazas y debilidades de este renglón son conocidas por el Gobierno, que sigue debiéndonos una política marítima con enfoque económico. En efecto, el centralismo agobiante siempre ha puesto su foco en lo militar, lo que ha impedido la promoción de incentivos para desarrollar otros intereses marítimos distintos de los relativos a la defensa de la soberanía, como la investigación, la educación, el comercio, o las relativas a una mejor relación y conservación del ambiente marino.

Es inconcebible, por ejemplo, que mientras en otros países van a toda marcha hasta en los aspectos más elementales, aquí seguimos con normas que se expidieron hace varios decenios, que desconocen el contexto internacional, lo que se ve agravado con la falta de coordinación funcional entre las distintas autoridades que tienen que ver con el sector. Incluso, como al mar en este país lo regulan desde los Andes, es en extremo difícil que un empresario local acceda a las ventajas que las entidades bancarias otorgan a otros sectores del comercio.

Pero la responsabilidad de no tener al mar en el radar también es nuestra, pues nos negamos a compenetrarnos con este poderoso y noble rey. Definitivamente, a los cartageneros nos falta hablar sobre el mar y sobre sus bondades, que seguimos aplazando. ¿A quiénes importa?

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