Editorial


El proceso contra Uribe

“Todo parece indicar que este jueves los magistrados se pronunciarán sobre si procede la captura del senador o si continúa en libertad (...)”

EL UNIVERSAL

04 de agosto de 2020 12:00 AM

Opinar sobre procesos judiciales de los cuales no se conoce sus contenidos es, por decir lo menos, una irresponsabilidad. Y también una falta al respeto debido a las personas a quienes va dirigido el análisis o la valoración.

Viene a cita el comentario ante la palmaria efervescencia en el ambiente político con ocasión de los procesos penales que cursan contra el expresidente Álvaro Uribe Vélez, de entre los cuales hay uno, sobre presunta manipulación de testigos, en el que se cierne la posibilidad de que lo envíen a la cárcel.

Siendo coherentes, no cabe entonces hacer, desde esta tribuna, disquisiciones sobre la valoración de pruebas y argumentos del caso concreto. Pero sí procede llamar la atención en cuanto a lo que se mueve por fuera de un proceso tan mediático.

En efecto, miembros del partido del senador Uribe vienen haciendo advertencias sobre presuntas interferencias en los procesos y ayer emitieron un comunicado que ha sido calificado por representantes de otros partidos como indebida presión contra los magistrados de la Corte Suprema de Justicia (CSJ).

Las razones que tienen los uribistas para temer que no se falle en derecho no son descabelladas: no pocas veces las altas cortes han decepcionado a los colombianos tanto por las truculentas historias que se han conocido en torno de veleidades de magistrados a la hora de fallar, como por los apetitos burocráticos y políticos como efecto del poder que les asiste tanto por la capacidad de juzgar la conducta ajena como por la que tienen para ternar o elegir en varios de los más altos cargos estatales.

Todo parece indicar que este jueves los magistrados se pronunciarán sobre si procede la captura del senador o si continúa en libertad mientras enfrenta ese proceso.

Con tantas aristas a considerar, corresponde a la CSJ actuar con la máxima agudeza para que, por su calidad, consistencia y fuerza, su proveído se defienda solo, sin dejar en el ambiente que se ha obrado bajo presión o por razones políticas o ideológicas.

Por lo mismo, si este jueves se ordena la detención intramural, se llama porque esté muy bien cimentada la decisión, pues no sólo está en juego la apreciación de la libertad de un expresidente de la República, sino también la credibilidad de la misma Corte.

En todo caso, no serán muchos los ganadores si esto último ocurre. Perderían los compañeros del partido de Gobierno sin la libre movilidad del líder al frente de las continuas batallas que eligen librar. Pero también sus detractores, quienes verían elevarlo a la categoría de perseguido político con consecuencias ahora impredecibles; sin embargo, una mayor pérdida de confianza en el proceso de paz y en las instituciones que de este surgieron, así como la atización de la polarización política son apenas consecuencias probables.

Como al final difícilmente habría ganadores, lo mejor es dejar que la Corte obre en derecho con el mayor rigor, afán de justicia y cuidado que a los magistrados les sea posible. Es el deber ser de las cosas, y lo único que debería primar ante panoramas tan azarosos.

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