El siguiente paso

22 de mayo de 2020 12:00 AM

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La realidad es contundente: mantener la cuarentena indefinidamente es humana y financieramente imposible en ciudades con grandes cordones de pobreza, y en las que la institucionalidad es débil, tanto como sus presupuestos oficiales para garantizar alimento y salud a toda la población inactiva.

La afirmación viene a lugar a propósito del anuncio del presidente de la República sobre la ampliación del aislamiento obligatorio hasta el 31 de mayo y la apertura gradual de las regiones, ante lo cual el alcalde William Dau anunció que solicitaría al Gobierno nacional autorización para que en Cartagena se adopten medidas más drásticas para tratar de controlar los contagios del COVID-19. De suyo, una de estas sería la no apertura de algunos sectores de la economía o, como se ha insinuado, recoger otros que ya se encuentran abiertos.

La tesis, incontrastable, es que la implementación de medidas más drásticas postergaría el pico de la curva epidemiológica para permitir al Distrito seguir preparándose para la pandemia. Pero resulta que esa lógica, si se extrema, es insostenible, pues ya habiendo pasado prácticamente dos meses bajo aislamiento generalizado, no se ha logrado que la crecida hacia el pico se detenga.

Es claro que, ante el incremento inatajable de contagios y fallecimientos, la primera medida que viene a la mesa de decisiones es la de mantener en casa a toda Cartagena, porque la marcha hacia una nueva etapa dentro del aislamiento preventivo inteligente requiere de una disciplina individual y colectiva que no se ha mostrado en diversos barrios y sectores de la economía informal.

Pero la solución no debería incluir paralizar al sector formal de la economía que, al contrario, viene asumiendo de manera disciplinada la aplicación de los protocolos de bioseguridad y las medidas de distanciamiento físico, pues no es en el escenario de las relaciones laborales en empresas formales donde se producen los contagios debido, precisamente, a las medidas que se han adoptado en estas. Y, como correlativa ventaja, permitir el retorno a esas actividades económicas, o no cerrar las que se han abierto, reduce la carga del Estado en su deber de proveer alimento y salud a los gobernados que no podrán salir de sus casas durante las próximas semanas.

La cuarentena inteligente busca que la pandemia no profundice el hambre y la desigualdad, lo cual no se logrará si volvemos al cierre total. Si es importante fortalecer la red hospitalaria, también lo es el proteger el empleo formal para que el Distrito concentre su atención en los pobres.

Un ejemplo está en los centros comerciales, que no han cerrado en su totalidad pues se han visto obligados a ajustarse para los sectores que siguen abiertos, como supermercados y farmacias. Las grandes superficies sostienen que se han preparado con todas las medidas de bioseguridad recomendadas y se encuentran listas para el siguiente paso de abrir con un aforo del 35%.

Pero como ese, hay otros sectores que pueden seguir la marcha dirigida a no tornar en una tragedia humanitaria lo que debería satisfacerse con soluciones sanitarias y de autoridad.

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