Editorial


El tesoro de Turbaco

“El Universal viene reportando estas anomalías desde hace varios años, pero en vez de mejorar, la situación parece agravarse entre la verborrea (...)”

EL UNIVERSAL

07 de agosto de 2020 12:00 AM

Turbaco es un pueblo importante para la historia local, regional y nacional, y sus aguas de acuíferos y arroyos han jugado un papel esencial en su existencia.

En 1801 Turbaco sería visitado por el gran naturalista alemán Alexander Von Humboldt, quien caminó por sus parajes, entre esos el de agua viva que hoy es el Jardín Botánico Guillermo Piñeres y sus alrededores, cuya naturaleza verde y fauna acompañante sólo es posible por la magia de sus aguas. Y en 1815 Pablo Morillo acampó en la Hacienda Torrecilla durante la Reconquista, aprovechando el mejor clima y las aguas abundantes para sus hombres, europeos desesperados por el calor bajo sus armaduras.

Ya en el Siglo XX las aguas de Turbaco, más concretamente de las haciendas Torrecilla y Matute, alimentaron el primer acueducto de Cartagena cuyo contrato se firmó el 5 de junio de 1905. No hay duda entonces de que el agua fresca y cristalina fue y es clave en la vida del pueblo y sus alrededores.

Al agua de Turbaco le fue bien mientras perduró el villorrio somnoliento de buena parte del Siglo XX, y su tragedia comenzó no solo con la gran deforestación (en buena parte estimulada por la explotación a gran escala de minas de piedra y de zahorra que hoy parecen parajes lunares, no todas con la recuperación responsable y ecológica de sus áreas agotadas), sino por el anuncio de que el acueducto vendría a Turbaco, donde cada casa tenía su propio pozo surtido por los ricos acuíferos.

Los turbaqueros se tragaron el cuento de la politiquería y antes de tener el acueducto, que llegó años después de ser anunciado y que aún le falta mucho, convirtieron sus pozos en tanques sépticos, contaminando la fuente subterránea del agua con la temible bacteria del E Coli, entre varias otras. Este era y es un problema serio, pero es poco al lado del que ocurre hoy al surgir múltiples urbanizaciones con ningún tratamiento eficaz de sus aguas, las que además de filtrarse al acuífero, van a las cañadas aledañas, especialmente las que llegan a los arroyos de Torrecilla y Matute, cada vez con más obstáculos y contaminación en su camino natural hacia la ciénaga de la Virgen. Los olores en los alrededores son nauseabundos, ¡pero nada pasa!

El Universal viene reportando estas anomalías desde hace varios años, pero en vez de mejorar, la situación parece agravarse entre la verborrea e ineficacia de sucesivos funcionarios. Nada más en los últimos dos meses hemos registrado lo que está pasando con el mantenimiento de plantas de tratamiento que podrían generar contaminación al caño Matute, o la exhortación de Cardique a la Alcaldía de Turbaco por la puesta en marcha de plantas de tratamiento de aguas residuales.

Nadie puede objetar el desarrollo de Turbaco si no, por el contrario, estimularlo; pero siempre respetando no sólo las normas ambientales, sino el sentido común. Esperamos que las autoridades hagan cumplir las normas para salvar sus arroyos y acuíferos, que son su gran riqueza natural y gran tesoro. Preservar la calidad del agua de Turbaco es un imperativo para salvaguardar el propio pueblo.

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