Encuesta, política y terrorismo

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La gran encuesta de intención de voto para las elecciones presidenciales encargada a Invamer Gallup por una alianza de medios que incluye a El Universal da como favorito a Juan Manuel Santos (34,2%), seguido por Noemí Sanín (23,3%) y Antanas Mockus (10,4%). Santos ni ninguno de los demás candidatos marca un porcentaje de intención de voto que le permita ganar en una primera vuelta. Si algo parece estar claro en esta encuesta, es que habrá una segunda vuelta. En tal eventualidad, entre Juan Manuel Santos y Noemí Sanín, la encuesta –con un margen de error de 3% y un nivel de confianza de 95% para las 1.200 muestras- indica un empate técnico: el primero obtiene 44,7%, mientras la segunda marca 43,0%. Esta circunstancia abre un abanico electoral amplio y fomentará alianzas que –según la encuesta- son indispensables para que un candidato pueda ganar la Presidencia de la República. Se intensificará la competencia entre partidos y personajes, y unos y otros afinarán la puntería contra sus contendores para magnificar sus flaquezas y minimizar sus virtudes. También escudriñarán sus acciones pasadas para tratar de explotar cualquier error. La elección de “fórmula” para Vicepresidente jugará un papel importante, entre otras cosas, porque un vicepresidente es un presidente en potencia. ¿Están capacitados los distintos candidatos a la Vicepresidencia para ser Presidente? Los aspirantes que hayan elegido compañeros con criterios politiqueros, sólo para obtener los votos de determinados sectores o regiones, saldrán maltrechos del escrutinio de sus opositores políticos y de los propios electores. Mientras tanto, hay otras fuerzas que intentarán influir en los resultados de las elecciones presidenciales: las distintas mezclas y combinaciones perversas entre los grupos armados ilegales de izquierda y derecha, todos inmersos en el tráfico ilícito de drogas, y algunos de sus aliados en la política, o enquistados en algunos organismos del Estado, trabajando arduamente a favor de la corrupción. En tales mentes cabe cualquier perversidad. En los últimos días, estos grupos han quemado tractomulas en algunas carreteras, puesto un carrobomba en Buenaventura, y cometido otros actos de terrorismo. No es casualidad que ocurra justo antes de las elecciones para Presidente. Las autoridades les atribuyen los atentados a las Farc, a los herederos de los “paras”, a los narcotraficantes “puros”, y a alianzas o disputas entre todos. Aspiran a atemorizar a los colombianos nuevamente, y a influir en las elecciones, pero como siempre, calculan mal: su actividad terrorista causará una cerrada de filas electorales alrededor de los candidatos más entusiastas de la seguridad democrática. Por su parte, las autoridades tienen que evitar cualquier triunfalismo que las haya podido apoltronar, ya que todos los grupos que perdieron terreno tratan de recuperarlo. Mientras el país ha estado tranquilo, ellos han intentado reagruparse y estudiar dónde y cómo volver a dar golpes que acaben con la sensación de seguridad ganada durante los dos mandatos de Uribe.

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