Energía limpia, mar sucio

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Los Estados Unidos son un país de contrastes, algunos más agudos que otros. Una nota de ayer en Actualidad, de la revista digital de la Embajada de los Estados Unidos en Colombia, da cuenta del empuje que esa nación le da a la energía renovable. No es un impulso retórico, sino en dólares contantes y sonantes: en 2009, fueron otorgados 5.900 millones (en “subvenciones, contratos, préstamos, incentivos tributarios y otros beneficios para las pequeñas empresas”…;) y el 30 de septiembre de 2011 se desembolsará otra suma gruesa para el mismo propósito. En total, el país desembolsará 787.000 millones de dólares para estimular la economía, y de esos, 90.000 millones serán para el sector de energía limpia, distribuidos a través del Departamento de Recursos Energéticos (DOE, en inglés). Los destinatarios de esta financiación estatal son las que ellos clasifican como “pequeñas empresas”, con 500 o menos trabajadores. Afirma la nota de Actualidad que 99% de todas las empresas estadounidenses cabe en esa clasificación. En los Estados Unidos jamás se habían hecho inversiones semejantes en energía renovable. La nota de Actualidad asegura que mientras los economistas debaten los resultados del paquete de estímulos económicos de Obama, que ya tiene creciendo a la economía estadounidense, “las pequeñas y medianas empresas están incorporándose rápidamente a lo que muchos creen que pronto será un mercado mundial de energía, edificios y automóviles ecológicos”. Hasta ahora, hay dos negocios que muestran resultados concretos: una fábrica (SeaMicro) de servidores de Internet que gastan 75% menos energía, y una fábrica de automóviles eléctricos (Tesla Motors) que ya recorren 321 kilómetros entre carga y carga, cuyo negocio no se limitaría a producirlos y venderlos, sino a facilitarles la tecnología a otras empresas para que también produzcan los autos, abaratando su costo y masificando su uso. Sea-Micro recibió una subvención de 9,3 millones de dólares y tiene 15 empleados, que pronto serán 21; y Tesla Motors, con una subvención de 465 millones de dólares, empleará a 1.650 personas, pasando de empresa pequeña a mediana. Si bien el impulso gubernamental a las empresas de energía renovable es importantísimo, además de vanguardista y consistente con las promesas de campaña de Obama, lo que hacen los Estados Unidos con la mano lo podrían borrar con el codo de su permisividad, como lo demuestra el derrame de petróleo crudo en el Golfo de México luego de que explotara una plataforma de perforación de la British Petroleum (BP). Al principio del desastre la semana pasada, se dijo que se derramaban 5.000 barriles de crudo diarios en el Golfo de México, pero ayer un experto en petróleos le dijo al Congreso de los EUA que podrían llegar a 40 mil barriles diarios en promedio. Si el derrame del barco Exxon Valdez en 1989 fue terrible, estuvo limitado a los 11 millones de barriles que llevaba, pero el de la BP será el peor desastre ecológico hasta ahora, y aún no hay una tecnología para taponar el agujero en el lecho del mar, a 5.000 pies de profundidad. Una vez más, se demuestra que la tecnología –al menos la de perforación marítima- está más atrasada que el hambre de petróleo y la influencia de las compañías que lo extraen, refinan y venden.

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