Editorial


Envidia de la buena

“Acá, tal como se sabía desde inicio de 2020, el comportamiento no podía ser otro que el contrario al del resto del país, esto es, negativo”.

Como se diría en una plática común, envidia de la buena suscita la noticia del exitoso 2020 en materia de ventas de vivienda nueva en prácticamente todas las ciudades capitales del país; por supuesto, excepto Cartagena.

Este miércoles el Ministerio de Vivienda, Ciudad y Territorio catalogó el año anterior, el del inicio de la epidemia mundial, como histórico en tales ventas anuales, con 176.157 unidades nuevas, que representaron una cifra de 32,9 billones de pesos. Según el ministro Jonathan Malagón, en el segmento VIS se vendieron 125 mil unidades, siendo el mejor año en ventas VIS del que se tiene registro, con un aumento del 11% frente a 2019.

Acá, tal como se sabía desde inicio de 2020, el comportamiento no podía ser otro que el contrario al del resto del país, esto es, negativo. En efecto, según medición de Galería Inmobiliaria, Cartagena pasó de vender $1,7 billones de pesos en viviendas nuevas en 2019, a $1,4 billones de pesos en 2020.

Desde hace años, pero sobre todo desde 2019, diversos representantes de las fuerzas vivas de la ciudad han advertido hasta la saciedad del enorme daño al desarrollo urbanístico, a la movilización de la riqueza, al recaudo de tributos, a la solución de vivienda digna para cientos de familia y, singularmente, a la promoción del empleo formal y la reactivación de la economía, que ha causado la dilación en la actualización de la normatividad local que permita la reactivación de la construcción, uno de los sectores sustanciales para el progreso de los pueblos. De poco ha valido el reclamo ciudadano.

No ha habido forma de enervar la inestabilidad institucional y la inseguridad jurídica en el Distrito, a lo que se ha sumado la pauperización de la calidad de vida de los cartageneros por cuenta de la pandemia y sus efectos sobre el empleo en el sensible sector de la construcción. Duele reconocer que suscita emoción cuando se lanza un nuevo proyecto, lo que ha disminuido en más del 50%, cuando hasta hace pocos años para el mercado local aquello era lo más natural.

Como lo hemos anotado en anteriores ocasiones, no ha habido forma en que las administraciones locales se atrevan a adoptar las soluciones normativas temporales que recuperen la estabilidad jurídica que se requiere para el retorno de los proyectos paralizados, y la promoción y construcción de nuevos proyectos. En la práctica, tampoco ha habido manera de aprovechar a plenitud los incentivos ofrecidos por el Gobierno nacional para la recuperación del sector.

Definitivamente no se pudo con la esperada emisión de los decretos o regulaciones parciales de ordenamiento territorial que se habían prometido desde anteriores administraciones, por ejemplo, sobre parqueaderos, VIS y VIP, cesiones, cargas y beneficios.

Semejante reto para el(la) nuevo(a) secretario(a) de Planeación Distrital. Pueda ser que esté a la altura de tan apremiantes circunstancias.

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